El valor de las palabras – Kavafis

“Frecuentemente observo la poca importancia que atribuyen los hombres a las palabras. Me explicaré. Un hombre sencillo (y con sencillo no quiero decir imbécil, sino alguien corriente) tiene una idea, condena una ley o una opinión generalmente aceptada. Sabe que la mayoría piensa lo contrario y calla por eso, creyendo que no es conveniente que hable, y argumenta que con sus palabras nada cambiará. Es un error. Yo actúo de otro modo. Condeno, por ejemplo, la pena de muerte. En cuanto tengo ocasión, lo proclamo, no porque crea que porque yo lo diga los gobiernos la abolirán mañana, sino porque estoy seguro de que al decirlo contribuyo al triunfo de mi opinión. No importa que nadie esté de acuerdo conmigo. Mi palabra no se perderá. La repetirá alguien quizás y puede ser que vaya a oídos que la escuchen y se animen con ella. Puede ser que alguno de los que no están de acuerdo ahora con ella, la recuerde en el futuro y, con la concurrencia de otras circunstancias, se convenza, o su convicción contraria se quebrante. Así también en otras cuestiones sociales distintas y en algunas en que principalmente se requiere acción. Sé que soy débil y no puedo actuar. Por eso sólo hablo. Pero no creo que mis palabras estén de más. Otro actuará. Pero de mis muchas palabras – de mí, el débil – algunas le facilitarán la acción. Desbrozan el camino”.

Es la invitación de Kavafis a que no callemos. Hoy día los hombres sencillos callan. No por miedo, sino por desidia, nuestro mayor mal. No es la opresión de antaño, las grandes dictaduras se han transformado a partir de la globalización. Callamos porque sabemos que nada cambiará, sin duda ignoramos que una palabra pronunciada dio cuerpo al silencio y ha alterado una realidad, la ha cambiado.

Podríamos decir que la esclavitud fue abolida, mas el ser humano siempre crea nuevas formas de esclavitud. Una de ellas es el conformismo. Otra es el silencio ante la ignominia. Estamos sometidos a un sistema brutal. Sometemos a nuestros hijos y nuestra vida a estos parámetros. La nueva sociedad nos concibe como entes para producir, sin embargo el ser humano posee albeldrío, término que fue analizado y promulgado por diversos pensadores. Fue analizado, porque desde siempre se han creado formas de sometimiento. Hoy, en pleno espejismo de la libertad las palabras han perdido su sentido. Ya sea por la falta de compromiso, la incredulidad o la reserva, siempre inventamos excusas para callar. No obstante, yo creo igual que Kavafis, que nuestra palabra pronunciada tiene un sonido dentro del vacío. Creo que yace en otros oídos y en otras almas. Creo que hay palabras que no se olvidan, palabras que despiertan acciones, palabras que sensibilizan las almas.

Recuerden: en el inicio era el silencio, la palabra le otorgó su pleno sentido. Cuando hablamos, damos peso a la existencia, la revestimos de cierta tonalidad y buscamos en el fondo de los términos que habitan en nuestra alma, la verdad.