Carta en Defensa de la Condición Docente

Muchas son las opiniones que existen con respecto a la ingeniosa ley que se le ocurrió al gobierno para mejorar la educación. Yo no sé qué pensar realmente. Creo que la docencia es una vocación y es una que muchas veces no se logra estudiando 5 años pedagogía. Creo también que hay excelentes profesores que antes fueron ingenieros y descubrieron el amor a enseñar. Aun así, siento que es válida la lucha de mis colegas y siento que todo el mundo se cree con el derecho a opinar en educación y de cuestionar a los profesores. Quiero compartir con ustedes la carta que mandó un estudiante – futuro colega – de pedagogía:

Me permito hoy la libertad de expresarme, como estudiante de 5º año de la carrera de Lic. En Educación y Pedagogía en Artes Visuales de la U.M.C.E., respecto al artículo de la Ley General de Educación que faculta a licenciados y profesionales de otras áreas para ejercer la docencia, y es que el conflicto es en síntesis bastante claro, vivimos en un país de extremos, en el que se pasa abruptamente de la represión al libertinaje, en donde no existen los términos medios, se habla de mejorar la educación y me parece fantástica la evaluación docente, ¿pero dónde está la evaluación de la familia? El otro pilar fundamental de la educación y al cual el profesorado ha debido asumir y sustituir extendiendo su labor formadora al escenario de los padres que no se detienen a educar a sus hijos.

Se habla de mejorar la educación y las carreras de pedagogía las abre cualquier casa de estudio, con requisitos de inscripción bastante cuestionables, ¿o ya nos olvidamos de las pedagogías express?, se habla de mejorar la educación y los sueldos a los que el profesorado aspira son francamente un insulto, te insultan los alumnos que ya perdieron todo respeto hacia sus propios padres, te insultan los apoderados que responsabilizan a los docentes de haber perdido el control de sus hijos, te insulta la sociedad por ser un profesional de segunda categoría. Díganme entonces, ¿qué incentivo hay para que los buenos puntajes PSU ingresen a las carreras de pedagogía?, ¿qué persona quiere vivir trabajando 44 horas a la semana en un colegio para ganar $420.000?, sin mencionar las horas extra que se dedican a preparar material didáctico, corregir pruebas, construir instrumentos de evaluación, etc. horas que se le quitan al descanso, la familia y al perfeccionamiento.

Recuerdo el discurso de tantos maestros en la universidad hablando de que la pedagogía es un acto de amor, pero claro que es un acto de amor, sólo el amor te hace sublimar la realidad, idealizar a las personas y creer que realmente estás cambiando el mundo, colaborando con la construcción de una sociedad mejor.

Entonces enciendo el televisor pasadas las cero horas, y veo la entrevista al sr. Jaime Gajardo en el programa Última Mirada, donde el periodista desarticula toda la exposición del representante gremial, en función de acusarlo de estar defendiendo las parcelas de trabajo del profesorado, ¿acaso no hicieron lo mismo tiempo atrás los químico farmacéuticos? ¿acaso no es legítimo defender tu trabajo?, pero sobre todo destaco el planteamiento que el Sr. Gajardo no pudo expresar satisfactoriamente (ante las interrupciones del periodista) y es que no basta saber lo que se enseña, hay que saber enseñar, así se forma a los profesores de Chile, en la Universidad que presento con el mayor orgullo, no señor, yo no estudio en el “Piedragógico” yo estudio en la U.M.C.E. y pasé cuatro años asistiendo paralelamente a clases de formación pedagógica y clases de la especialidad.

Me atrevo además a decir que el gran problema de la educación es, por triste que suene, un problema de dinero, ¿cómo mejorar la educación? Simple, subiéndoles el sueldo a los profesores, postularán mejores puntajes a las carreras de pedagogía, el resto se da por lógica, ¿cómo mejorar la calidad de la educación? Simple, disminuyan el número de estudiantes por curso, que dejen de ser 45 por favor, o les suena posible atender a 45 niños, cada uno con problemáticas y necesidades particulares, sin hablar de los estudiantes de “integración” que requieren atenciones específicas que imagino los licenciados conocen a la perfección, los ingenieros, los médicos y toda esta pléyade de profesionales “superiores” que en teoría vendrán a enseñarnos cómo hacer nuestro trabajo, que vendrán a hablarnos de conductismo y constructivismo, de instrumentos de evaluación, de modelos y enfoques de aprendizaje, de orientación.

Estoy absolutamente seguro de lo mucho que quisieran todos los profesores hacer de sus estudiantes grandes conocedores del área específica del conocimiento que manejan, enseñarles a apreciar la poesía, la ciencia, la historia, pero lamentablemente se debe atender primero aquello que la familia ha descuidado, cuando los niños y jóvenes asisten al colegio sin bañarse, sin afeitarse, sin peinarse, con la ropa sucia, los zapatos sin lustrar, ni mencionar su vocabulario, que no han tomado desayuno, que algún familiar está en prisión, que están rodeados de los más lamentables vicios de nuestra sociedad, ¿entonces cuál es la prioridad? Cito esto porque el escenario es lógico, los profesores mejor calificados no hacen clases en establecimientos de las características mencionadas, buscan el sector particular y subvencionado, paga mejor y el ambiente laboral es más grato, quien no logra acceder a ellos, se debe conformar con el sector público, con el riesgo social, con el escenario desfavorable, es la triste realidad, del profesor que se desmotiva, que no se perfecciona, que sustenta una familia con un sueldo miserable.

¿Dónde está la vocación entonces? claro que está, existe, pero también tenemos que comer, también tenemos que vivir, y el pan de la docencia, francamente se vuelve cada día más amargo, lo digo como hijo, nieto y sobrino de profesores, que tal como señala el señor Warken al citar a Nicanor Parra en su columna, dejan día tras día su voz en las aulas, profesión que todos eligieron con la mayor de las vocaciones y han ejercido con calidad, que no temen la evaluación docente, pero si exigen un mínimo de respeto como los profesionales que son.

Atte.

Felipe José Ramírez Godoy

16.471.852-2

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  1. […] RAMÍREZ GODOY, Felipe: Carta en defensa de la condición docente (alumno de Pedagogía […]

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