Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales (Mahatma Gandhi)


Nosotros que vimos con horror las dantescas imágenes que nos mostraban a las inocentes víctimas de un maltrato indecible. En un silencio conmovedor los animales parecían pedir ayuda. Era un silencio elocuente, colmado de significados que sólo nuestra alma podía percibir. Y en él, ellos nos hablaban, nos contaban de su padecimiento. Uno de años, de siglos, de milenios y que no escuchamos. Tapamos nuestros oídos y no escuchamos…

Entonces viene el peso y la culpa. Todos quienes tomamos conciencia de que frente a nosotros y a nuestro lado cohabita un ser, que tiene la sangre de nuestro color y que dentro de él hay un corazón, y, sobre todo, un cariño inconmesurable e inocencia.

Ellos confiaban en nosotros. Ellos los indefensos, los que nunca han manejado un arma, los que nunca han odiado. Los que en su silencio simple nos llenan con sus caricias, con su espera, con su infinita paciencia. Un ejemplo de ello está registrado en uno de los libros más antiguos de nuestra cultura occidental: Odiseo llega a Ítaca después de 20 años y su perro lo reconoce. Luego de una larga espera, muere feliz al ver a su amo. ¿Cuántas historias maravillosas no hemos sabido gracias a nuestros canes?

A todos quienes amamos a los animales nos indignó lo que hacía en realidad la llamada “Sociedad protectora de animales Benjamín Vicuña Mackenna”. Porque también nosotros confiamos en ellos. Creímos en que eran un aporte para terminar con la crueldad contra los animales. Pero nos equivocamos, rotundamente y confiamos a nuestros amigos a estas manos desconsideradas y asesinas.

El destape de esta horrorosa situación es un ejemplo más de lo subdesarrollada que está nuestra nación con respecto al cultivo de una conciencia animal y la tenencia responsable de mascotas. Si bien es cierto que existen nobles iniciativas en nuestro país hace varios años y que son movimientos importantes, creo que aún no se implanta en nuestra sociedad una conciencia global ante el cuidado de nuestros hermanos pequeños.

Si bien existe una ley contra el maltrato animal, enmarcada dentro de código penal, ésta no es suficiente para castigar realmente a quienes atentan seriamente contra la vida de seres inocentes. Las ley es la siguiente (artículo 291, código penal):

“El que cometiere actos de maltrato o crueldad con animales, será castigado con la pena de presidio menor en su grado mínimo y multa de uno a diez ingresos mínimos mensuales o sólo a esta última.

La pena de presidio menor en su grado mínimo contempla desde los 61 a 540 días, y las multas van desde los $75.000 a los $750.000 pesos aprox.”

No obstante, la ley recién presentada tiene enormes vacíos que se vieron manifestados la semana pasada cuando el señor Luis Navarro salió libre y sólo con una amonestación en dinero. Tal resultado ha provocado la indignación popular que llevó a la cámara de diputados a cuestionar la tal mencionada ley y modificarla. Ésta posee una historia bastante extensa y lleva años estancada.

Después de saberse esta realidad que llevaba años agazapada, la CEFU (Coalición para el Control Ético de la Fauna Urbana) presentó una querella criminal. Por estafa y maltrato. Seguramente, la justicia acogerá más la querella por estafa, ya que se jugó con la confianza de cientos de personas que pagaron sumas que iban desde los $15.000 hasta los $40.000 por conceptos de custodia y adopción respectivamente. Con respecto a esas personas, muchas de ellas dejaron a sus animales en ese lugar porque no podían mantenerlas en su casa o porque las encontraron en la calle (yo fui una de esas personas, recuerdo que una vez llevamos a una perrita callejera que estaba a punto de parir a ese lugar, no nos importó pagar $15.000, pensábamos que le habíamos dado un destino mejor…qué equivocados estábamos, quizás la calle habría sido mejor lugar y no ese infierno).

Viaje al infierno

Bastante elocuentes son las imágenes que acabamos de mostrar. Aún así, nuestra sociedad no responde ante el maltrato. Es común ver perros heridos en las calles, sarnosos y enfermos. Semanalmente terminan aniquilados y arrojados a los vertederos o como comida a los leones en cautiverio. ¿Cuál es nuestra responsabilidad? ¿Acaso es dejar a otro esta respuesta? ¿Dejarla a las sociedades que se dicen protectoras y lo que hacen en realidad es convertir en negocio una actividad que debería ser caritativa? ¿Qué es lo que debemos hacer?

Seguramente, en la mayoría de las preguntas queda un vacío que deberá ser contestado por la propia conciencia. No obstante, en referencia a las acciones posteriores al macabro hallazgo, ya se están realizando algunas que van en pro de los animales que vivían en ese infierno. Una de ellas es la adopción. Lamentablemente, las mascotas que sobrevivieron al exterminio, quedaron con graves secuelas psicológicas. Muchas de ellas quizás nunca serán felices. Y quizás el daño ha alterado su comportamiento y tampoco son adoptables.

Mucho nos falta recorrer para llegar a una sociedad más plena y justa. No sólo en el ámbito humano – la lucha contra la pobreza, el racismo y la intolerancia deben ser un trabajo cotidiano -, sino también en un plano global. El ser humano debería escuchar un poco a sus hermanos menores, dejar de pensar que es el único en la tierra y hacer algo por ella.

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Conciencia animal
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