¿Cómo dividimos la torta? Acerca de la inscripción automática y el voto voluntario

¿Cómo podemos seguir repartiendo esta torta? Es lo que al parecer se cuestionan los señores en el Congreso. Inquietante “representatividad” del país, una burla, una ironía para varios, sino para todos los ciudadanos de este país.

¿Por qué? Porque desde que la democracia es en Chile, los señores políticos han visto la manera de salir beneficiados obteniendo un escaño en el congreso. En 1925 sólo el 7% de los ciudadanos de este país participaban de las elecciones. Sin duda un número muy poco representativo. Curiosamente, se abrió el espacio a la mujer – conjuntamente con su incorporación al mundo laboral – para que ésta votara, lo que aumentó en 1950 a un 47% el número de votantes (curiosamente, porque las mujeres en su mayoría – no todas, obvio – tienen una tendencia a la derecha, por su planteamiento conservador y valórico). Este hecho fue profundamente aceptado y valorado. En los años 60 se aprobó la inscripción obligatoria y en los 70 el derecho a sufragio de los mayores de edad.

Todos cambios necesarios y acordes con los tiempos. Sobre todo necesarios, de acuerdo a los intereses políticos del momento…¿pero aumentó la votación? Al parecer sí. De vuelta a la democracia, en 1989, se contaba con un universo de votantes del 58%, cifra representativa. Que es la que se mantiene actualmente.

Sin embargo, el desencanto con la política es un hecho percibible y constatable. Cada día aumenta más el número de no inscritos entre los jóvenes de 18 a 27 años. Y los que lo están, realmente les gustaría en ciertas eventualidades no votar. Eso se comprueba con la cantidad de votos nulos y blancos de las últimos sufragios, los cuales han visto aumentado su número ( de 6% en 1989 a un 18% en el 2006).

Los motivos de la abstención se deben fundamentalmente al sistema binominal que rige hace décadas a la elección parlamentaria, porque sencillamente con este sistema no existe representatividad.

Y con ese sistema juegan los señores políticos. Se han intentado modificaciones (casi por obligación o por hacer la tarea), pero éstas siempre no pueden llevarse a cabo por el porcentaje de políticos que se oponen (de varios bandos, pero especificamente de la derecha conservadora). Al final las cosas siguen igual y todos ellos felices, pues debe ser el único sistema político del mundo que te asegura un puesto en el senado sin tener que contar con el voto ciudadano (en el sistema binominal queda demostrada la inutilidad del voto, ya que sólo se trata de porcentajes previsibles y etc…cosas que ustedes saben).

Quizás, la única manera de romper con este inicuo sistema es justamente la inscripción automática y el voto voluntario. Pues el hecho de votar voluntariamente, sin temor a sanción si no lo ejecutas, llevará a un porcentaje importante de jóvenes – y no tanto – a votar por diferentes coaliciones, representantes o partidos que podrían llevar a una real representatividad en el congreso.

Frente a esta ambicionada y discutida moción, el grupo más conservador de este país se ha opuesto una vez más a un posible progreso en el ámbito de la política. Con un discurso falaz, evidenciado en el informe “alguien está equivocado“, compara al sistema electoral europeo con un sistema nazi y a la propuesta de la concertación (tampoco es coherente, hay que decirlo) con la idea de que se “Quieren llevar a todos los jóvenes como cordero al matadero (…) llevar a gente a votar nulo o blanco es propio de un sistema nazi o staliniano. Creo que tiene que haber espacios para no votar”…

Analicemos un poco lo que el experto nos señala: “llevar a los jóvenes como cordero al matadero”; con esta afirmación este señor olvida lo más elemental de nuestra constitución y es el hecho de que se es ciudadano a los 18 años (según el artículo 13º), por lo tanto, el voto es un derecho y hoy en día, en cierta forma, se les está negando ese derecho con el sistema electoral actual, por lo tanto ¿ en qué sentido se les estaría obligando casi con la pistola en el pecho si se implementa un sistema que te da la opción de elegir? Segundo, el señor Tagle afirma: “llevar gente a votar nulo o blanco es propio de un sistema estaliniano”…¿perdón? Actualmente se le está obligando a la gente inscrita a votar nulo o blanco por la pésima representatividad que hay y por el pésimo trabajo que han realizado estos “señores políticos”. Y sigue: “Creo que tienen que haber espacios para no votar”; justamente, es lo que está sucediendo ahora: “no te inscribas, así no te verás obligado y de este mismo modo te excluyes de este cuento“.

Si hacemos un análisis más fino de lo dicho por Andrés Tagle, experto analista de la UDI, sería lo siguiente:

1. Nosotros como derecha conservadora nos oponemos a todo cambio que pueda perjudicarnos electoral y políticamente.
2. No se olviden, queridos ciudadanos, del fantasma comunista-marxista-leninista que puede ir a tu casa y traerte el chacho chino.
3. Mejor que todo siga como está, total, nosotros estamos cómodos en el senado.

En fin, detrás de todo el discurso de este grupo conservador se esconde una tremenda falacia de pendiente resbaladiza; en el fondo, siempre han temido a los cambios, no los soportan y para ello asustan al vulgo señalándole que éstos van a traer necesariamiente efectos perjudiciales en la nación. Ya lo dijeron con el divorcio, que afectaría profundamente a la familia ( y la crisis de la familia es algo que se está viviendo hace mucho con o sin ley de divorcio), con la prevención de VIH (oposición a la distribución de profilácticos y propaganda); con el cambio al sistema binominal y un largo etc.

¿Qué nos aportaría una inscripción automática y un voto voluntario? Es algo que no podemos prever a ciencia cierta. Pero si aplicamos analogías, podría suceder lo que ya está pasando en los países que tienen implementado este sistema: con un universo escaso de votantes, se estaría determinando a un ganador. Lo que hacer perder representatividad a la elección.

Y eso se responde inmediatamente que eso es consecuencia de otros problemas (la de la falta de credibilidad en sí de la política) y no precisamente de la ejecución de la medida. Y que como están las cosas actualmente, cada vez es un grupo más restringido el que decide quien gobierna.

¿Qué es lo que tenemos ahora? Gran porcentaje de abstención (gente que no está inscrita) Desencanto en los jóvenes (¿en qué los requieren realmente, tienen espacios verdaderos, son considerados efectivamente?) Falta de probidad en el actual escenario político (bancada oficialista y los casos de corrupción) Y una asfixia prolongada ( LOS MISMOS ROSTROS DE SIEMPRE).

Con respecto a la asfixia no es un tema menor. Vemos en ambos bandos los mismos rostros de las últimas décadas (del siglo pasado y las que vienen) y sobre todo a una derecha fosilizada, sin mayor iniciativa, que se ha dedicado a tirar dardos a su contrincante (sin mucha puntería) y colocar como lema: “no más concertación” (no se dan cuenta de que con eso le hacen más publicidad). A una concertación que se mueve en los mismos planos, con las mismas personas, que juegan más al credo político que a la real capacidad, que no sabe qué hacer con el dinero de Chile (ahora se les ocurrió regalar notebook a niños que apenas tienen para sustentarse, mientras que a los ancianos de este país les extraen el 7% de su paupérrimo salario) y un largo etc.

Al final ¿qué hacemos con la política en nuestro país? Al parecer, al final cabrá mejor la frase que los argentinos dijeron en su corralito: QUE SE VAYAN TODOS.

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