El “quid” en la educación: la evaluación docente

La educación está en el aula. Está en el día a día. Está en la meta que te propones alcanzar con tus chicos y trabajas por ello. Pero no todo se encuentra en la sala. Si bien es cierto, un buen profesor es esencial para lograr buenos resultados, no se puede achacar todo a él, porque si fuera sólo el o la docente el responsable, entonces para qué se organizan instituciones y hay cargos directivos, ministerios y toda esta vasta red que conforma nuestro sistema educativo.

¿Y quién se evalúa hoy públicamente? El profesor. No se ha dimensionado una evaluación – con los tintes que ésta posee – para los directivos de los colegios y liceos municipalizados y para las corporaciones que los sostienen. Todos deberían ir a la prueba, todos deberían pasar por un sistema de evaluación. ¿Por qué? Porque es bueno saber cómo vas.

Independiente de todas las críticas que se hagan al sistema implementado para saber el desempeño de un profesor, es una herramienta que nos permite saber cómo estamos y qué debemos saber, qué podemos cambiar y qué implementar. Lo digo, porque para mí, someterme a la evaluación docente fue una buena experiencia, estresante sí, pero enriquecedora. Aprendí cosas, corregí otras. Me di cuenta que en este camino de enseñar me falta mucho y que hay aspectos que nunca se deben olvidar. No obstante tengo mis reparos.

Me siento orgullosa de pertenecer al 8,3% de los docentes que salieron en el nivel destacado. Eso, sinceramente, te hace sentir que por lo menos el Ministerio valoró tu trabajo. Es que aunque no se vea, el ambiente que rodea al docente es sumamente punitivo ¿Por qué? Bueno, uno está sometido a diversas evaluaciones por parte de los directivos durante el año (se le llama “acompañamiento” y no es malo, pero sí tiene elementos subjetivos bastante impugnables) Además, muchas veces los directivos se manejan con el discurso del “todo mal”, del “que es irresponsable, no cumplió” del “no hizo esto o lo otro, se te olvidó esto, etc.”. Te enrostran el primer error y aunque lo hagas impecable, te meten en el mismo saco que al resto. Eso produce cierta amargura. Por otro lado están los apoderados, quienes se creen expertos en la materia y no tienen reparos cuando se trata de hablar mal de los profesores y de su labor. Y la suma puede seguir. De hecho, todo el mundo se siente con derecho de hablar del ejercicio docente, personas que no tienen idea de lo que es realmente el sistema municipal con 40 a 45 (y a veces más) alumnos en el aula, con distintos procesos de aprendizaje, con niños integrados y un gran etc. detrás tuyo pidiendo resultados. Ya quisiera verlos a ellos, enfrentándose a esta loable labor de comprender, corregir, escuchar, enseñar, volver a explicar, entender a estos niños y aparte de ellos, colaborar con sus familias, acoger a sus padres, escucharlos, acompañarlos e incluso – a veces – aconsejarlos. Cabe agregar que, además, los incentivos económicos son enjutos (por no decir paupérrimos) en general y que para el que lo hace bien…en realidad no existen muchos, porque hacerlo bien debería ser la norma (yo creo que es lo que piensan muchas veces los directivos).

Con respecto a lo último, el Ministerio tampoco se queda atrás. También es punitivo ¿Cómo es posible que un docente que sale destacado tenga que dar una prueba para recibir algo de dinero al igual que el competente? Ojo que la diferencia entre destacado y competente es significativa. Esta prueba, AVDI, se ubica en cuatro rangos de desempeño. El destacado puede optar al 25% (la categoría más alta) y el competente sólo al 15%. Lo que recibas será por cuatro años (en el 2006 fue de escasos $87.000 para los docentes destacados con 44 hrs.). Y eso da congoja.

Y la ADVI además constituye un gran desafío porque la cantidad de contenidos que evalúa son prácticamente todo el currículum y más. Eso es bueno, otro desafío para el profesor de excelencia. Pero el reconocimiento en dinero no es mucho.

Con respecto a nuestra evaluación hay posturas disímiles. Por un lado, el presidente del colegio de profesores el año pasado exhortó a los profesores evaluados a no entregar el portafolio, lo que generó una serie de comentarios por parte del público en general, docentes y gente relacionada con el tema. Por otra parte, el Mercurio en su editorial del jueves 20 de marzo de 2008 señala: «Después de muchos años, finalmente parece estar asentándose en Chile la noción de que los docentes deben ser evaluados en su desempeño. El Estatuto Docente, promulgado en junio de 1991, contemplaba que los profesores lo fueran, pero el reglamento correspondiente sólo entró en vigencia en 2005[…] Esa demora se debió a la resistencia del gremio a esta iniciativa, que se mantuvo incluso después de acordado el reglamento, y muchos docentes no completaron ese proceso durante 2005 y 2006. El año pasado, sin embargo, la inmensa mayoría lo hizo: menos del siente por ciento de los casi 11 mil 200 docentes evaluados se negaron a ello

Y es que un buen profesor no tiene nada que temer. Si bien es cierto que el portafolio tiene sus deficiencias, porque no centra la evaluación en el desempeño efectivo del estudiante y sólo se concentra en la gestión del docente (en cuanto a planificación, implementación y reflexión de su labor); tampoco se encuentran en ella los recursos apropiados para que el profesor mejore su gestión; es de todas formas un documento válido a la hora de los análisis y constituye un reflejo claro de lo que es el profesor con respecto al manejo de metodologías y recursos que potencien el aprendizaje.

Pero mi pregunta final es la siguiente: ya se ha dado el primer paso evaluando al componente principal de la gestión educativa ¿Cuándo se evaluará eficazmente la educación, pasando por quienes implementan las políticas hasta quienes dirigen un establecimiento? Todo influye en un buen resultado, el profesor como ente fundamental (si él no cree en lo que hace difícilmente obtendrá logros en sus alumnos) y todos los demás factores: currículum, políticas, directivos, apoderados, materia prima (alumnos). Si en educación en Chile se va a seguir improvisando (ayer, reforma educacional; hoy, mapas de progreso; mañana, cambio curricular significativo) y se va a continuar con los compadrazgos en los cargos sin la pericia correspondiente (esto a todo nivel) por muy buen profesor que sea, no logrará el cien por ciento y se cumpliría la frase del Cid: “que buen vasallo sería/ si tuviese buen señor”.

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la evaluación docente” Artículo de Benedicto González en Atina Chile
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En contra del Islam

Y en defensa de nuestra libertad de expresión y todo lo bello de occidente, no pueden dejar de ver estos vídeos que dejan en evidencia el maquiavelismo, la crueldad y la intolerancia del islam:

La Yihad en Eurabia

Dejar de ver esto, es desconocer nuestras raíces y nuestros derechos. Es desconocer la amenaza que se cierne sobre occidente.