«El mundo no está en peligro por las malas personas, sino por aquellas que permiten la maldad» Albert Einstein

Ya ha pasado un mes desde la conmemoración de uno de los momentos más crueles de la humanidad en pleno desarrollo de la ciencia y de lo que aventuraba el siglo XX. Me refiero con esto al recuerdo del holocausto nazi el día 26 de enero.

Impresionante lo que sucede en Europa y Alemania con el PND que se erige como uno aceptado y validado políticamente, siendo que en sus aras sólo se proyecta la sombra del antisemitismo y la intransigencia. Aliado con otros movimientos de origen islámico quienes han llegado a sostener la inexistencia de los campos de exterminio y con ello, el innegable holocausto.

Pero ¿cómo llegamos a esto en pleno desarrollo de nuestra historia? Siglo XXI, promesas, adelantos, tecnología. Nos comunicamos de mil formas y a una velocidad impensable. La ruptura de las fronteras y la instalación de un mundo globalizado invitó a reforzar las fronteras, a acrecentar los miedos de ciertos grupos ante el otro, el extranjero y a reafirmar las ideologías. En busca de una “nueva perspectiva” resurge, cual garrapata, los sentimientos y pensamientos más obtusos que pudo concebir la mente humana, amparados por la ignorancia y el miedo, dos monstruos que han doblegado por siglos a la especie humana.

La ignorancia y el miedo permitió que en 1933, un 30 de enero, ascendiera al poder un ser de dudosa capacidad intelectual, prosaico y cruel: Adolf Hitler. Transformando de esta forma lo que era una república a un estado de sitio, a una dictadura cuando asume en 1934 el poder absoluto. Ya en 1919 se había formado el partido nazi y con ello se extendió la propaganda antisemita, convirtiéndose en un partido popular.

Lo anterior nos muestra el poder obtuso de las masas y lo fácilmente manipulables que son, lo que hasta hoy se confirma a través de la publicidad y el manejo de los mass media.

¿Pero que llevó a esa sociedad a tomar a los judíos, gitanos, polacos y todo extranjero fuera del foco ario, como chivo expiatorio? Condiciones económicas, pobreza, recesiones y un cultural odio a los judíos, llevó a una gran masa a confiar en el partido y creer que eran distintos, “puros”. Lo anterior llevó a funestas consecuencias por todos nosotros conocidas, comenzando en 1939 cuando se aplicó “la solución final“, instalándose, así, el infierno en la tierra de la manera más cruel, cruda y descarnada.

960 mil judíos, 74 mil polacos, 21 mil gitanos, 15 mil prisioneros de guerra soviéticos y entre 10 mil y 15 mil ciudadanos de otras nacionalidades fueron muertos en Auschwitz, lugar más patente del infierno.

Y fue en este campo de concentración, el más despiadado, donde surge la tímida figura de Viktor Frankl (1905 – 1997) quien nos relata con una sublime humanidad su experiencia en Auschwitz.

Pudiendo elegir entre continuar una prestigiosa carrera en Nueva York junto con su reciente esposa, decidió quedarse junto a sus padres y con ello escogió su destino, pues según Frankl el hombre nunca deja de decidir y aquella libertad de elección es lo que nos diferencia de las demás especies.
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