«Por cada penicilina la Ciencia nos regala una guillotina»

Son las palabras de la genial Oriana Fallaci publicadas en “Nosotros los caníbales”. Pero ¿por qué hablo de esto? Porque recientemente se aprobó en Gran Bretaña la utilización de células embrionarias humanas en óvulos de vaca ¿Para qué? Pues con la siempre-y-tan-ponderada-premisa-de salvar vidas humanas, de prevenir enfermedades genéticas con el fin de “hacer la vida mejor” y de una vez por todas crear al “superhombre” ilimitado que llegue por fin a la altura de los dioses. Premisa que nos enrostra una vez más el hedonismo de nuestra sociedad que persigue sus fines, aunque lograrlos – y medianamente – signifique terminar con toda la especie humana.

En un excelente post “Clonación de híbridos: hay que ponerle límites a la ciencia?” se publica el texto recién mencionado, junto con la observación de la aprobación del empleo de células embrionarias.

Mi preguntas son ¿cuáles son los límites de la ciencia?¿Acaso ésta mide las consecuencias?

La todopoderosaciencia no se impone límites, ya bastante rienda le han dado todas las corrientes que se mueven desde un siglo a otro, desde el XX al XXI y cada vez con más sofisticación. De un Frankestein de Mary Shelley al paroxismo de la aberración: jugar con la vida, emplear embriones humanos.

¿Qué es sagrado para la ciencia? ¿Qué significa la vida, el amor para ella? ¿Son sólo conceptos en el vacío, proyectos en probetas en la cual se puede restar, sumar, aplicar complicados logaritmos?

Yo sabía una historia: que del amor surgían los hijos. De esa unión comprometida. Y cada uno de nosotros nacía como ser único e irrepetible. Y esta historia la cuento ahora, ahora que estoy muy vieja frente a una chimenea surgida de un holograma, en un mundo donde no hay niños y la especie humana lentamente se extingue como estas llamas y su calor. Es el mundo que nos ha dejado la ciencia, con sus esquemas que aplastaron a la ética y crearon una de acuerdo a sus conveniencias e invitaron a todo el mundo -este mundo ciego, obsecionado con el avance de la superpoderosa tecnología- a sumarse a su manifiesto. Una ciencia sin alma, que no sabe en el fondo lo que es el alma y que por esto mismo la niega. No obstante ¿Con qué fin saber dónde reside?

Me vuelvo a preguntar ¿Qué otro juguete más empleará para satisfacer su ego?

Pensemos un momento en aquellos que no están. Quien tuvo suerte de ser acogido en un vientre y consolado. Quien tuvo la suerte de estar en un frasco, esperando por una oportunidad. A eso hemos llegado, al cara y sello, a los privilegiados y a los que no. A los que serán sanados y a los que serán empleados para sanar. A los que serán inoculados en otro cuerpo y éste se alimentará de ellos. Alimentados por otros seres humanos que nunca verán el sol y sin embargo existen. Y existen para complaciencia de sus verdugos, ¡Bravo ciencia! brindemos hasta que ya no quede ninguno de nosotros, si realmente merecemos ya ocupar la tierra.

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3 comentarios

  1. Tu dices en tu texto una frase: “Yo sabía una historia: que del amor surgían los hijos”. Lamentablemente, la historia no es así. El emparejamiento por amor es una conquista de los siglos XIX y XX recién. Antes, las parejas se formaban por conveniencia o convenio entre los padres, pago de dotes o simplemente, “porque hay que casarse”.

    Verdaderamente, como especie hemos hecho esfuerzos por extinguirnos desde hace muchos años. Sólo estamos comenzando a ver las primeras consecuencias.

  2. Pavel, tienes razón lo que señalas, pero el matrimonio no es la única forma de tener hijos (jajaja) tanto hijo natural por el mundo obedece únicamente a la fuerza que nos empuja a ello. Y claro, también tienes razón cuando dices que como especie hemos hecho esfuerzo por extinguirnos hace muchos años…creo también obedece a nuestra naturaleza que sólo la religión en cierto sentido ha tratado de disminuir.

  3. Tiene alma el mensaje, aunque cae en extremismos. Ciertamente la ciencia nos hace víctimas, pero también nos facilita la existencia. Tiene mi estilo. Vaya para Usted un abrazo.

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