De “1984” al increíble concepto de los reality shows y sus efectos.

reality26.jpg
Cuando leemos 1984 de George Orwell nos encontramos ante una historia desgarradora. Que ni siquiera podríamos pensar que pudiera ser de Ciencia Ficción. La forma en que los personajes se ven limitados y presionados por el régimen que los gobierna y la imposibilidad de forjar lazos con las personas pertenecientes a su comunidad, nos adelanta la manera de cómo una sociedad va perdiendo sus rasgos que la hacen humana, para convertirla en una sociedad tecnificada y con muy poco de alma.

La brillante mente de George Orwell nos presenta a través de Winston – al parecer único humano – la apoteosis de un sistema que establece duras reglas y controla hasta los pensamientos de los integrantes del “partido”. A través del “Doble pensar” y la desintegración del lenguaje ( la neolengua) el Gran Hermano y su sistema, van creando una amnesia social y cultural, en donde la lógica y la razón se desdibujan. Éstas quizás podríamos encontrarlas en un simple esquema olvidado:

“La libertad es poder decir libremente que dos y dos son cuatro. Si se concede esto, todo lo demás vendrá por sus pasos contados.”

Winston y Julia, dos integrantes del partido – quienes no podían mantener relaciones físicas ni de ningún tipo – se ven envueltos en una sutil epifania del amor, cuando ya se creía todo perdido. Buscan un refugio, lejos de las cámaras y constantes pantallas vigilantes, que muestran incansablemente el rostro del gran hermano. Cuando lo encuentran, son hallados. Cuando son hallados son destruidos. Finalmente, “dos más dos” ya no tiene sentido. Son “borrados” de esta lógica:

« -¿Existe el Gran Hermano?
– Claro que existe. El partido existe. El Gran Hermano es la encarnación del Partido.
-¿Existe en el mismo sentido en que yo existo?
-Tú no existes – dijo O’Brien…»

En una sociedad estratificada, inconsciente del otro, ignorante del otro, que sólo sirve a los intereses de los poderosos, en donde las personas son vigiladas constantemente, ya no existe el ser humano. Éste es sólo la proyección de un poder establecido.

En la instancia de una constante guerra, infinita en el tiempo, dos seres que llegaron a amarse, a ser uno, han sido destruidos, evaporados. No obstante, viven aún, pero todo recuerdo y toda razón han sido borrados de sus mentes para integrarse sin réplicas al sistema imperante. Ese es el final pesimista de 1984, la genial novela de Orwell.

En 1999, la idea de este escritor es adaptada por la televisión holandesa para generar un nuevo tipo de programa que paulatinamente iría logrando aceptación por parte del público: los reality shows. De hecho, el primero de ellos y que marcó la pauta para todos los demás “realitys” se llamó “El gran hermano”. Todo a partir de la idea de la cámara permanente que vigilaba cada uno de los pasos de ese grupo de personas que aceptaba encerrarse por un tiempo en una casa para lograr el primer lugar y con ello abrirse paso a la fama.

Caricatura horrorosa de una asombrosa novela. Que marcó todo un precedente en la forma de entender la televisión. De alguna manera se nos mostraba una realidad. Que, bajo todos los parámetros no lo era. O sea, esbozaba “torpemente” algunos de los rasgos de una realidad, pero todo bajo el perfil de un espectáculo, en donde -como televidentes – podíamos ser ese “gran hermano” y observar lo que sucedía con las personas sometidas a ese encierro voluntario.

El formato derivó en una serie de esquemas. Todos basados sobre la competencia y la eliminación del otro. Dentro del reality “dos más dos” se desdibujaba y se establecían nuevas reglas, en donde lo valórico se perdía y los contornos de “realidad” se adaptaban a las normas del nuevo sistema. En un reality es más fácil perder el rumbo. Es más fácil borrarse y simplemente no ser.

Curiosamente, el nuevo género impactó en la masa y generó dividendos a las emisoras. La gente quería saber de esta realidad y de cómo podría asemejarse a la propia. Además, la exaltación del morbo ante las escenas con alto contenido sexual, las peleas internas, la descalificación y el desprecio que surgía en los participantes, proporcionaron una serie de análisis que aún no han terminado, pues el género todavía sigue vigente.

Así, llegó a nuestras pantallas en el año 2002, uno de los primeros Realitys: “protagonistas de la fama” y con él una seguidilla de éstos que no tenían nada particularmente de “realidad”, sólo lo referente a las pasiones humanas y en el peor de los contextos. Los televidentes, por cierto, bajo esta nueva idea, vieron desfilar ante sus ojos y sus mentes, una programada variedad de imágenes que comprometían más que la piel mostrada de los “incautos” participantes.

Copia feliz del edén de una serie de ellos que ya habían sido emitidos en Europa, en Chile el fenómeno se extendió como la lepra, invitando así a una cantidad de “ilusionados” compatriotas que luchaban por lograr un sitio en “las estrellas”. De este modo, una gran masa se presentaba a las audiciones, no importando las condiciones que tuviera que enfrentar, todo sea por lograr “el gran sueño”.

Hace poco en nuestro país, se presentó un nuevo formato de reality show, denominado “docu-reality” (?) En él se mostraba a 14 participantes cuyo sueño era el de adelgazar. Sí, perder peso. “Cuestión de peso” se denominaba y para variar, había sido copia de otro que tenía rasgos más bizarros y crueles.

En este caso, no tuvo la audiencia esperada. Era extraño. Extraño ver a un grupo de personas en pantalla – en un concurso, literalmente – luchando por perder peso. Pesándose tres veces a la semana y guiándose por diferentes especialistas, quienes les indicaban qué hacer y cómo superarse.

Algunos dirán que era una gran iniciativa para poner en el tapete el tema de la obesidad en nuestro país – cabe señalar que el 60% de nuestra población sufre esa enfermedad – lo cierto es que lo poco que vi del programa, me impactó la superficialidad con que se abordaba el tema y la forma en cómo eran tratadas las personas.

Me pregunto ¿era necesario mostrar a la población los avances, las eliminaciones, las celebraciones, las penas y alegrías de un grupo de personas que cargaban con este problema? Me pregunto ¿solucionaba algo? ¿Acaso una persona obesa común y corriente, quien ya sufre discriminación por esta sociedad exitista, podría acceder a ese conjunto de especialistas? Porque esa era la solución que ellos proponían, aparte de otros consejos…o sea, “si quieres adelgazar, debes someterte a un tratamiento”.

¿Era necesario poner en un formato de esta naturaleza un problema tan dramático y que impacta radicalmente la vida de la persona y de quienes la rodean? Porque no debemos olvidar el origen de la palabra “reality show”, es decir, “el espectáculo de la realidad” y que el programa en cuestión quiso disfrazar con el eufemismo de “docu-reality”.

El programa generó una serie de opiniones de diversa consideración. Desde las que encontraban “aberrante” hasta las que encontraban que era “cultural y educativo”. En mi humilde opinión es simplificar un problema y no proporcionarle la dimensión necesaria, pues un buen programa debería generar cambios en la sociedad e inclusive en la legislación, porque ¿cambia acaso la percepción de la obesidad por parte de la sociedad?

El género de los realitys sólo nos muestran un ápice de nuestro hedonismo, individualismo y falta de sentido por la vida. El absurdo esquema de realidad-ficción que nos propone lo deja sólo en el plano de “otra-cosa-tonta-propuesta-por-la-cajita-idiota”. Creer en un reality y además tomarlo como modelo, nos muestra una parte de nuestra ingenuidad y pobreza espiritual.

Poco falta que después de enrostrar con tan poca certeza un problema social-afectivo que es la obesidad y sus consecuencias, nos traigan a un grupo de niñitas bulímicas y anoréxicas que nos cuenten cuántas veces vomitaron en el día.

Anuncios

3 comentarios

  1. Bueno, es cierto. Dentro de esta cultura televisiva “huachaca”, a un gran y serio problema (como es la obesidad) se le resta seriedad y se convierte en objeto de risas y diversión, en un medio de para ganar dinero.

    Pienso que el problema radica en que se preocupan más del medio que del objetivo o fin. En el caso de un programa de ese tipo el FIN verdadero es ayudar a la gente obesa participante a vencer su problema, pero como MEDIO para financiar el programa necesitan la sintonía de miles de televidentes. Simplemente se trata de darle al público lo que pide. A público ignorante y chacotero programas ignorantes y chacoteros.

  2. […] tiene cuatro patas que sustentan la programación: los programas del corazón, los realities, los docurealities y las series de policías con adivinadores, con psicólogos, con científicos… Todas las […]

  3. yo creo que ya esta bueno de ser tan cartucho, la television es pluralista hay cosas que a ti te van a gustar y otras cosas que no. y seguramente las cosas que a ti te gustan a alguien no le van a gustar.
    Que hacemos entonces no ponemos nada en television.
    No orque ciertas cosas sean un problema no pueden o deben mostrarse en television, de hecho, este programa puede haber servido de inspiracion para mas de alguno a tomar ciertas medidas al respecto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: