La falta de carnaval

carnaval
Atormentados por las pestes, el hambre y las contínuas guerras, en donde para sobrevivir había que comerse a los muertos y el pan era un bien prácticamente sagrado, en la Edad Media el hombre se hacía un espacio para reír, para festejar.

Un festejo que podía durar hasta tres meses. Una fiesta popular que, como seres modernos, nos es difícil de dimensionar. Tal era la característica de los carnavales en la época.

“Carne levare” o “abandonar la carne” fue uno de los primeros significados que se le atribuyó a la palabra “carnaval”, pero éste no tiene mucho sentido si en la cuaresma – como fiesta religiosa – se priva de la carne. Posteriormente surgió el término italiano “carnevale” y éste sí tendría más sentido al explicarse como “carne vale” o sea, se puede comer. Así se instituye el sentido lúdico del carnaval y su naturaleza: la risa como soporte de entrega a diferentes excesos.

Resulta curioso que Umberto Eco en su novela “El nombre de la rosa” – ambientada justamente en la Edad Media – haya propuesto, a través de un siniestro personaje, la condenación de la risa como el origen de todos los males. Es Jorge, el viejo abad, quien prohíbe la visión y lectura de un libro profano…un libro que determinaba a la risa como procreadora del mundo. Los invito a leer un poco de esto:


« Es una obra egipcia del tercer siglo de nuestra era. Está en la misma línea que la obra siguiente, aunque no es tan peligrosa ¿Quién prestaría oídos a los delirios de un alquimista africano? Atribuye la creación del mundo a la risa divina… – Alzó el rostro y recitó, con su prodigiosa memoria de lector que desde hacía cuarenta años repetía para sí lo que había leído cuando aún gozaba del don de la vista – “Apenas Dios rió, nacieron siete dioses que gobernaron el mundo; apenas se echó a reír, apareció la luz; con la segunda carcajada apareció el agua; y al séptimo día de su risa apareció el alma..” Locuras. Como también el texto que viene después, obra de uno de los innumerables idiotas que se pusieron a glosar la Coena…Pero no son estos textos los que te interesan.
En efecto, Guillermo había pasado rápidamente las páginas hasta llegar al texto griego. Advertí de inmediato que los folios eran de otro material, más blando, y que el primero estaba casi desgarrado, con una parte del margen comida, cubierto de manchas pálidas, como las que el tiempo y la humedad suelen producir en otros libros. Guillermo leyó las primeras líneas, primero en griego y después traduciéndolas al latín, y luego siguió en esta última lengua, para que también yo pudiera enterarme de cómo empezaba el libro fatídico:

En el primer libro hemos tratado de la tragedia y de cómo, suscitando piedad y miedo, ésta produce la purificación de esos sentimientos. Como habíamos prometido, ahora trataremos de la comedia (así como de la sátira y del mimo) y de cómo, suscitando el placer de lo ridículo, ésta logra la purificación de esa pasión. Sobre cuán digna de consideración sea esta pasión, ya hemos tratado en el libro sobre el alma, por cuanto el hombre es – de todos los animales – el único capaz de reír. De modo que definiremos los modos en que la comedia suscita la risa, que son los hechos y la elocución. Mostraremos cómo el ridículo de los hechos nace de la asimilación de lo mejor a lo peor, y viceversa, del sorprender a través del engaño, de lo imposible y de la violación de las leyes de la naturaleza, de lo inoportuno y lo inconsecuente, de la desvalorización de los personajes, del uso de las pantonimas gortescas y vulgares, de lo inarmónico, de la selección de las cosas menos dignas. Mostraremos después cómo el ridículo de la elocución nace de los equívocos entre palabras similares para cosas distintas y palabras distintas para cosas similares, de la locuacidad y de la reiteración, de los juegos de palabras, de los diminutivos, de los errores de pronunciación y de los barbarismos…

Guillermo traducía con dificultad, buscando las palabras justas, deteniéndose a cada momento. Y al hacerlo sonreía, como si fuese reconociendo cosas que esperaba encontrar.»

Es a través de la risa que se crean nuevos términos y nuevos géneros. Así en la Edad Media tenemos textos que aluden a la parodia, a la sátira, novelas de caballerías, etc. en donde se muestra el mundo del carnaval a través de la risa. Por lo tanto, podemos concluir que ésta constituía un elemento esencial de la vida medieval y su forma de entender el mundo.

Creo que no se le ha dado la comprensión justa al mundo del medioevo conjuntamente con su valoración. Porque, es ahí cuando surgen una serie de fiestas, por ejemplo, la fiesta del asno, en donde se propiciaba el rompimiento de las jerarquías y en donde podían confundirse tanto el amo como el señor feudal. Es en la plaza pública en donde se establecen estas equívocas relaciones y en donde se desdibujaban las fronteras entre lo público y lo privado.

En la plaza pública se obligaba a abandonar el título y a asumir una personalidad nueva. El obispo ya no lo es, asimismo el estudiante o el campesino. Es de esta forma que se instaura el mundo al revés y en el que se hacía invitación a través de una extensa literarura que leían los clérigos en sus celdas.

Por esto creo que el hombre medieval a pesar de sus desgracias, sus limitaciones y su precariedad material y tecnológica (si es que existía una tecnología) era más feliz y menos depresivo, pues sabía darle a la risa el espacio apropiado y déjaba que ésta invadiera sus espacios.

Hoy se está tratando de devolver a la risa el espacio que le corresponde en la vida del ser humano. A través de diversos estudios se ha comprobado que ésta estimula la segregación de endorfinas, que proporcionan placer y defensas al cuerpo, eliminando toxinas y proporcionando una buena defensa para los virus y bacterias. Además la risa nos ayuda a algo tan sencillo, pero tan complejo a la vez: el sentimiento que nos indica si estamos bien o mal.

Es de esta manera que surge la risoterapia, la que ayuda a los pacientes que padecen cáncer o sida. Y, en fin, puede ayudar a sobrellevar o a superar cualquier situación que sea límite y ponga en riesgo el espíritu.

En nuestra actual sociedad ¿cuánto nos reímos? ¿Cuál es el espacio que tiene el carnaval en la vida pública?

Casi todos los pueblos tienen su carnaval, tanto o más de acuerdo al carácter y duración de éste, pero todos apuntan a lo mismo: ser elemento de distención y relajo, que ayudan a una sociedad ser más sana, porque es a través de esta celebración que ayuda a que ésta genere sus propias endorfinas, su defensa.

Acá en Santiago de Chile poco o nada se celebra. El espacio en la plaza pública no es visto de buena forma por sus ciudadanos, aunque no es menor el hecho que en la Plaza de Armas – principal punto de encuentro de los capitalinos – se generen una serie de actividades que van desde el mimo que irónicamente se pasea, imitando a los transeúntes despistados o lisa y llanamente, invitarlos a sumarse a su actividad, hasta grandes orquestas que tocan animadas piezas y que la gente se agolpa a escuchar. No obstante, toda actividad festiva es breve y no tiene los rasgos connotativos del carnaval.

Quizás por ello, esta ciudad es una de las más depresivas del mundo y ostenta estas no menores cifras:

“Un millón 482 mil 171 chilenos presenta trastornos depresivos al menos una vez en la vida.

Se agrega que éste es un trastorno común:

En personas mayores de 15 años, el mal afecta al 16 por ciento de la población.

La depresión afecta a dos mujeres por cada un hombre. Principalmente la sufren aquellas cuyas edades están entre los 25 y 45 años.

La mayoría de los casos surgen por efecto de sobreexigencias laborales o estrés agudo.

Uno de cada 10 casos son hereditarios y muy severos. De ellos, el 10 por ciento puede intentar suicidarse.

Como otras enfermedades, la depresión también ha sido llamada “la epidemia del siglo”. Y si nos remitimos estrictamente a las numerosas consultas que se realizan por este motivo en los servicios de atención primaria, se confirma la creencia. El 30 por ciento de las atenciones en los consultorios municipales corresponde a síndromes depresivos. Si se considera que durante todo el año pasado los consultorios realizaron 10 millones 680 mil atenciones, la no despreciable suma de tres millones 200 mil consultas fueron por trastornos depresivos. Vale decir, es la enfermedad que mayor número de consultas ocasiona al año.

Del total de la población (desde recién nacidos hasta ancianos) un 10 por ciento presenta trastornos depresivos alguna vez en su vida, es decir, un millón 482 mil 171 chilenos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) elaboró en el año 1990 un ranking con 15 ciudades del mundo y Santiago resultó ser la que tiene mayor número de consultas por depresión. De 100 consultas, 30 son por esta causa, mientras que en Río de Janeiro y Manchester llegan a 16 y en Nagasaki no alcanzan las tres.”

Con un índice de inflación del 2,2% y con una tasa de desempleo del 6,9% en comparación con las estadísticas de Brasil (47 de los 180 millones son miserables. La pobreza aumentó en el año 2003 de un 26,2% a un 27,2% y de acuerdo al informe de desarrollo humano del PNUD, Brasil ocupa el lugar 72 de 117 países, otorgándose así el lugar de país de desarrollo medio) los chilenos no son más felices.

¿Qué podría estar fallando? Creo que indudablemente la forma en la que concebimos la vida. La tecnología, más acceso a todo e inclusive bajar las cifras en la pobreza no nos han quitado la pena.

Indudablemente nos hace falta un buen carnaval. Nos hace falta reírnos públicamente. Decir lo que pensamos al otro. Tener menos prejuicios y más alegrías.

Algunos link

La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento: El contexto de Francois Rabelais. de M. Bajtin.
El poder de la risa
La dimensión social de la depresión de Tomás R. Austin Millán

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