Darfur, el silencio de los inocentes

darfur

Nosotros que estamos en nuestras casas. Agobiados por nuestras pequeñas preocupaciones. Sin saber, quizás, de lo que sucede a nuestro alrededor. Nuestro hobby es mirarnos el ombligo y quejarnos bastante.

Dicen que la caridad comienza por casa, pero me parece una frase egoísta. Hoy más que nunca es necesario tomar conciencia de la violación sistemática a los derechos humanos en varios pueblos en nuestro mundo.

Hay un pueblo en especial que ha pasado cuatro décadas sufriendo esta violación. Y es un sufrimiento en silencio. Pues hasta ahora, las potencias se han quedado calladas. Su intervención es tibia, no es comprometida. La ONU no quiere reconocer que en ese lugar se está cometiendo un genocidio ( un interesante artículo que aborda este tema es: ¿Es la ONU garantía de paz, o un proyecto tan absurdo como la Liga de Naciones?) Y si ésta asumiera tal declaración, los países involucrados se verían en la obligación de mandar fuerzas especiales para terminar con esta tiranía.

El pueblo que me refiero es Darfur, en Sudán. En este país se lleva una guerra larguísima que ha costado más de un millón de muertos (registrado en 1997) y la cifra sigue en aumento. Tres millones de desplazados, crisis humanitaria constante.

Sólo 7 años de paz, desde su independencia, para ser sometidos al orden musulmán. El pueblo se debate entre fuerzas religiosas, la falta de agua y alimentos.
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Un pequeño homenaje a Fontanarrosa

Publicado paralelamente en Literlabia

El 19 de julio de este año, falleció a la edad de 62 años, y después de una larga enfermedad, el “Negro” Fontanarrosa. Fanático del futbol, dejó tempranamente la escuela para dedicarse a su pasión: el cómic. Oriundo de Rosario, fue a Buenos Aires a probar suerte, pero no le fue muy bien. De vuelta en su tierra natal, otro gallo le cantó y así fue como se dio a conocer este grande de la historieta y del humor gráfico…

Ahí va nuestro pequeño homenaje

negro

La pena máxima

Cuando vi que caía el Pato lo pedí, lo pedimos todos, por un momento pensé que no lo daba, pero era clarito, lo cruz con la gamba casi en el muslo y el Pato se iba, porque se iba el Pato (¡Penal! ¡Penal! ¡Lo dio! ¡Lo dio! ¡Lo dio, Chancha, lo dio, penal! ¡Penal!), cuando vi que lo daba yo salí rajando como loco para cualquier lado, se lo grité a la tribuna, el Sapo se me trepó encima y me gritaba ¡ahora Nene, ahora! (¡Lo dio, Chancha, lo dio!), yo, viste como está uno?, andaba medio boludo porque parecía que tema toda la hinchada metida en el balero, para colmo el Dapea ese me habla estrolado con tuti un poco antes y no entendía nada, s que ellos le chillaban al referí en el área, que caen naranjas (¡Lloren ahora, lloren!, qué mierda quieren?), en eso viene el Tubo y me dice “Tranquilo, flaco, vos tranquilo, no te calentés” y fue cuando me di e cuenta. Te juro, Chacho, que se me formó en la panza, acá, una pelota ¿viste?, una pelota dura, qué podido, recién caía, me agarró un cagazo de golpe como esa vez que casi me amasija el micro, te acordás?, uy, Dios mío, qué cagazo (¿Quién lo tira? ¿Quién lo tira?), te juro que sentía las gambas como de barro y digo yo me quedo en el molde, por ahí ni se acuerdan, por ahí se lo dan al Mono como se lo daban siempre, pero el Mono lo erró con Chacarita y no quiere lolas, yo lo miro y lo veo parado casi en la mitá de cancha diciendo que no con el balero (Que no se lo dean al Mono porque lo manda afuera! Patéalo vo pendejo! El Mono no que lo erra El Mono no!). Gran puta, te juro que hubiera querido no haber pedido en la perra vida patear penales y para colmo en las prácticas los embocaba todos. (Ya casi no hay protestas y veremos quien ejecuta la pena máxima), yo pensaba si lo erro me muero, me caigo muerto al piso, no salgo de la cancha, no vuelvo a casa, para qué me acordé del viejo, estaría más julepeado que yo y agarro y digo no!, no lo pateo, que lo patee otro, yo lo erro, que se queme otro y por ahí pasa el Beto, que ya me habla cargado todo el partido y me jode “guarda pibe, no lo vayas a tirar afuera” me dice (continúan las conferencias con el juez, Mainardi ya está entre los tres palos) y además pensé lo que yo le habla dicho el otro día al Mono, Mono, no seas boludo, Cómo te vas a arrugar por errar un penal?, metéle carajo”, fijate, yo al Mono, que siempre fue el que me aconsejaba en tercera “hacé esto, Ricardito”, “cuidate, Ricardito”, yo le decía porque me daba bronca que aflojara así, para mí el Mono es un especie de ídolo ¿viste?, cacé la pelota que ya estaba colocada (Garbelli Muñoz- Garbelli, ser el encargado) y me parecía que se haba callado todo el mundo (El pibe, vamo pibe, viejo, vamo, mandálo adentro!) mirá cuando miré al arco, Mainardi, hijo de una gran puta, se rea, me miraba y se rea, digo no pienso más, pienso solamente en el tiro (Garbelli está ya frente al balón, tranquilo el golquiper), se lo pongo a rastrón a la ratonera, lo fusilo arriba y si se me va alto? (gol pibe, gol, Dios mío hacelo). ¿Usted lo patea? me dice el referí y quién va a ser boludo le hubiera dicho cuando el pito me reventó en el oído como un balazo (Toma carrera Garbelli!). Corrí dos pasos (¡Goo…) y le puse un bombazo… (¡Tirooo…!) te juro que ni vi cuando levantó la red, te juro, Chacho, te juro.

página oficial de Fontanarrosa

Acerca de los libros (Ex libris)

libros« Se me pide que hable del libro, pero no sé del todo lo que es el libro aunque he vivido en diálogo con él desde las infancias que no cesan. Estoy pensando en el libro manantial, tan lejos del best seller, en ese libro único escrito por el hado, que me permite ser y crecer, en esa urdimbre del sentido y del sin sentido al mismo tiempo, que me hace vislumbrar el caos primordial; en el libro creador llámese Biblia de los Vedas o Corán o Popol Vuh o Libro de los Muertos o en aquel Juego de Ilión, o El Quijote o el Fausto o la Divina Comedia o en aquellas piedras angulares que Harold Bloom registra con el designio de Canon Occidental. Pero pienso también en ese otro libro que vamos escribiendo entre todos: el del instante y el de las galaxias, que excede a toda imaginación; a la de los poetas y de los físicos, que es la misma.

Parece haber lo macrocósmico y lo microcósmico del libro, sin caer en lo esotérico. En todo caso lo que importa es que no se vea la mano, y eso lo sabemos los poetas. A Dios en el libro Mundo no se le ve la mano.

Un paso más. No soy libresco y mi escritura registra más bien el trauma primario de lo natural. De ahí mismo la sintaxis deshilachada. Pero adoro a los libros progenitores y no sé qué haríamos sin ellos. Una peste, una epidemia que hiciera estragos invisibles en la materialidad de esos papeles, un envenenamiento general de los signos portentosos, una maligna corrupción, y adiós a la memoria. A la memoria madre, esto es, a Mnemosina, madre de las Musas ¿Qué haríamos con esa mutilación del universo si el universo mismo es un libro?»
Gonzalo Rojas
Poeta – Premio Cervantes 2003
Sobre la lectura

Mis recuerdos viven bajo el apagado limonero de la casa de mis padres – extinto ya desde hace años- en un improvisado columpio leyendo el libro que mi madre me obliga a leer todos los días, una hora. Con disgusto asumo la orden y molesta voy a buscar un sitio en la casa. Hace frío, es invierno. Pero no tan frío como para cobijarme bajo el árbol. Y ahí me quedo. Primero es una hora, luego son dos y más adelante hasta que la luz natural lo decida. Luego, feliz, voy a narrar a mi madre lo que el libro me ha conversado, plácidamente, en sútiles susurros cargados de melancolía.

Entonces retrocedo y voy a uno de mis primeros recuerdos con el libro. Es pequeño, celeste. Mi padre lo pone en mis manos. Apenas se leer, sin embargo, recojo ese regalo con felicidad. Viene un nuevo mes y otro libro pasa a mis manos. Dice “Barba azul y otros cuentos”. Leo, me emociona el relato de la pequeña infanta y me aterroriza el fantasma de Canterville. Pero llega el colegio y el deber. Sorprendentemente, a mi mente vienen pocos libros. Entonces aparece el recuerdo del limonero y de mi madre, obligandome a leer el de lectura mensual (debe haber sido, supongo, por mi negación a leerlo) Y de ahí ella se hizo parte de mi vida. Nunca pude comprender el mundo sin ellos, mis amigos, los libros.

¿Qué es lo que nos hace leer? Hoy día el Gobierno se quiebra la cabeza en uno que otro proyecto para devolver a la lectura y al libro el lugar que le correspondían en la sociedad. Claro, porque las cifras en comprensión lectora han descendido de manera alarmante (el 80% de los chilenos no tiene el nivel de lectura mínimo para insertarse en el mundo de hoy)1 y cada día se lee menos 2.
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La falta de carnaval

carnaval
Atormentados por las pestes, el hambre y las contínuas guerras, en donde para sobrevivir había que comerse a los muertos y el pan era un bien prácticamente sagrado, en la Edad Media el hombre se hacía un espacio para reír, para festejar.

Un festejo que podía durar hasta tres meses. Una fiesta popular que, como seres modernos, nos es difícil de dimensionar. Tal era la característica de los carnavales en la época.

“Carne levare” o “abandonar la carne” fue uno de los primeros significados que se le atribuyó a la palabra “carnaval”, pero éste no tiene mucho sentido si en la cuaresma – como fiesta religiosa – se priva de la carne. Posteriormente surgió el término italiano “carnevale” y éste sí tendría más sentido al explicarse como “carne vale” o sea, se puede comer. Así se instituye el sentido lúdico del carnaval y su naturaleza: la risa como soporte de entrega a diferentes excesos.

Resulta curioso que Umberto Eco en su novela “El nombre de la rosa” – ambientada justamente en la Edad Media – haya propuesto, a través de un siniestro personaje, la condenación de la risa como el origen de todos los males. Es Jorge, el viejo abad, quien prohíbe la visión y lectura de un libro profano…un libro que determinaba a la risa como procreadora del mundo. Los invito a leer un poco de esto:

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