Productividad, calidad de vida y calidad de ciudadanos.

momo y casiopeaLo único que importa en la vida es llegar a ser alguien, llegar a tener algo. Quien llega más lejos, quien tiene más que los demás, recibe lo demás por añadidura: la amistad, el amor, el honor, etcétera.

Quizás no con las mismas palabras, pero con un estilo muy parecido, es lo que nos susurra la sociedad a cada momento a través de lo que entiende por educación, lo que entiende por vida. Y lo escuchan los niños a través de sus profesores y sus padres. Lo escuchan desde distintos enfoques y perspectivas. Surge entonces la angustia y la depresión.

Y quizás también por eso es que a los chicos les gusta la novela Momo de Michael Ende, obra de la que extraje el párrafo con el que empecé este post. Les gusta, creo, porque les ayuda a redescubrir el sentido de nuestra vida y de la importancia de disfrutar el tiempo y gastarlo con los que más quieres.

Momo tuvo problemas para ser lanzada. Fue terminada en 1973 y no querían que fuera publicada por la fuerte crítica que hacía a la forma de vida que sustentaba la sociedad y los valores que en ésta se estaban perdiendo.

Porque en esta novela vemos, a través de la parábola de los hombres grises, cómo en forma gradual el estilo de vida, sus exigencias, las competencias que van fomentando, va alejando al ser humano del verdadero sentido de la vida.

Hoy en día toda la actividad económica está sustentada en la competitividad y la productividad. El sentido de la productividad es mejorar el estandar de vida de una sociedad, para que así haya menos pobreza y mayor superación personal. Sobre todo en Latinoamérica se ha convertido en un himno y clave para el desarrollo.

Pero ¿qué sucede cuando un país privilegia la productividad sin considerar el factor humano? ¿Qué sucede cuando imperiosamente instruimos a nuestros niños y jóvenes con la cantinela de lo que lo único que importa en la vida es ser alguien?

Aumentamos la productividad, no obstante, no por ello somos más ricos ni hemos mejorado nuestra calidad de vida. Claro,hay acceso a todos los bienes materiales, el hecho de tener un DVD o un televisor en casa te aleja de la indigencia – según las encuestas – pero no sé si tener más de esto o de lo otro te hará más feliz.

De las 48 hrs. semanales de la jornada laboral, fueron estas rebajadas a 45, empero, casi toda la gente trabaja más de esa cantidad para mantener un estandar de vida aceptable. Descuidando, así, aspectos que son realmente importantes en nuestra existencia y que le dan sentido: pareja, hijos, amigos,familiares.

En Momo, la tarea de los hombres grises consiste en dominarlo todo. De esta forma, los padres se van quedando sin tiempo para estar con sus hijos. La sociedad frente al temor de que éstos se vuelvan unos delicuentes, los reclutan en los “depósitos de niños” en donde realizan una serie de actividades productivas que les darán las herramientas para ser “alguien” en la vida. ¿No se parece esto a nuestra actual reforma educacional?

No hace mucho se estudiaba en dos jornadas. Así, había tiempo para compartir, recrearse y realizar “las tareas”. Hoy en día la mayoría de los colegios de nuestro país poseen jornada escolar completa y el Gobierno desea, ya para el Bicentenario, que la totalidad de los establecimientos educacionales la posean.

Si bien es cierto la iniciativa en la creación de la JEC estaba sustentada en dar respuesta a los tiempos que se viven -en los que los padres no tienen tiempo suficiente para cuidar a sus hijos- y en mejorar la calidad de la educación, se ve hoy día que esto no está funcionando. El afán por obtener buenos resultados en las mediciones SIMCE y PSU ha llevado a muchos establecimientos a aumentar la carga horaria en las asignaturas que están siendo observadas, propiciando con esto un mayor descontento en los niños (aquí hay mayor información), quienes no tienen tiempo para realizar actividades fuera del ámbito académico. Esto también ha repercutido en la familia, quien ya – aparte de los padres estar sujetos a un horario laboral extenuante- debe “robar tiempo” para poder compartir con sus hijos. Los invito a leer los siguientes testimonios:

“Me motive a escribir estas líneas ya que hace 3 años vengo luchando por comprender la JEC, ya que mi hija, de 9 años, no se le respeta un derecho de niño a “JUGAR Y SER NIÑO”, esto debido a que no basta que este en el colegio 8 hrs., y después de regreso a casa tenga que hacer una gran cantidad de tareas y estudiar y como si esto no fuera poco terminar las paginas de las unidades de los libros que no se alcanzó a terminar en la sala para poder tener materia para la prueba del día siguiente, quien fiscaliza que la verdadera motivación de la creación de la JEC se cumpla, alguien se ha preguntado que con este sistema los niños ya no son niños”.

“Tengo dos niños entre 8 y 12 años, y me parece que la jornada escolar que tienen ahora que es entre 7 y 9 horas atenta contra la libertad de ellos. Tenemos que pensar que no son adultos como para que estén mas de 8 horas en un recinto. Creo que en ningún momento se pensó en sus juegos, en su diversión, o en su forma de alimentación, que por lo demás el tiempo el lugar y el sistema que tienen es pésimo. Un niño entre 7 y 14 años no va aprender más porque esta mas horas en el colegio, todo lo contrario, después del medio día ya están agotados, por la sencilla razón que se levantan entre 6.00 y 6.30 hrs. cada mañana salen del colegio aprox. a las 17.00 en llegar a su casa preparar material de estudio para el día siguiente o estudiar para los exámenes, no les queda tiempo para liberarse de nada, que tipo de adultos tendremos a futuro me pregunto yo…”

Y estos comentarios me vuelven a recordar a Momo cuando ésta – ya en búsqueda de sus amigos – se encuentra con un grupo de niños que solían ir al viejo anfiteatro para jugar con ella, pero los chicos han cambiado, están tristes, amargados. Le relatan a Momo en qué consisten sus nuevos juegos, los cuales son productivos, tienen sentido práctico. Al final,uno de ellos le dice a la niña: A tu lado era más divertido […] Siempre se nos ocurría algo a nosotros mismos. Pero con eso no se aprende nada, dicen.

Cabe señalar, además, que la implementación de esta jornada no ha traído mejores resultados. Es así que tenemos un gran porcentaje de niños que apenas entienden lo que leen, varios no saben reconocer a Europa en un mapa y menos resolver un problema matemático.

Sumado con la gran cantidad de chicos que sufren de déficit atencional y con este afán exitista de nuestra sociedad, viven llenándose de medicamentos para poder responder al modelo competitivo que la escuela y el entorno le proponen.

Me pregunto ¿puede revertirse esta situación? Quizás la pregunta más acertada es ¿puede mejorarse?.

Debemos humanizar nuestra productividad y no quedarnos en un mero competitivismo. Porque ¿Dónde está nuestro tiempo para compartir y transmitir valores fundamentales para la vida si la mayoría de los trabajos apuntan a crecer y crecer sin considerar la vida del trabajador y solamente el 14% de las empresas en Chile ofrece algún grado de flexibilidad laboral?¿Si hay una rigidez en esta legislación? El panorama no se vislumbra esperanzador:

“En Chile, la tendencia ha sido la opuesta a la descrita en los países desarrollados: para aumentar la productividad se ha extendido la jornada laboral, manteniendo o incluso reduciendo, el número de personas. De acuerdo con un estudio realizado en Chile, acerca del tiempo libre y la flexibilización de los roles masculinos y femeninos, se describe un panorama abrumador: en general, los hombres ocupan una hora en levantarse, una hora y media en trasladarse, diez a doce horas trabajando, una hora de retorno a casa, atienden sólo una hora a los hijos, ven televisión tres horas y duermen seis horas. En las mujeres, se repite más o menos el mismo esquema, pero es necesario agregar un promedio de tres a cuatro horas de actividades domésticas. Esto nos muestra que existe una sobrecarga de trabajo y ausencia de otras actividades recreativas, lo que trae como consecuencia una vida plana, de baja calidad y con una carga mayor para las mujeres al asumir la responsabilidad por el cuidado de los niños y ancianos”.

En este estudio realizado por la Universidad Católica queda en evidencia parte de lo que nos está afectando para tener una mejor calidad de vida. Hoy en día los padres deben lidiar con una serie de obstáculos que se interponen entre ellos y sus hijos: cantidad de horas de trabajo, stress, responder a las expectativas sociales y personales e internet.

Sí, internet. Porque además de no tener tiempo para comunicarnos, el poco que nos queda lo invertimos para navegar en la red. El 34% de los hogares está conectado a internet y el 40% de los chicos navega diaramente en ella. Advirtiéndose por ello un desmedro en el desarrollo de las habilidades sociales y vocabulario (se está limitando a un uso de 250 palabras, advierta que un niño a los 4 años debe tener el manejo de 1000) en el uso del chat.

A partir de todo esto, quiero reflexionar en torno a los adultos del mañana. Para poder pensar en ellos tengo que pensar en el adulto de hoy. ¿Cuáles son sus expectativas? ¿Cómo comprende a la vida? ¿Qué espera del mañana? Si sus expectativas se traducen en el éxito material, si comprende a la vida como una seguidilla de eventos que lo lleven a tener más de lo mismo y espera del mañana que sus hijos sean profesionales y tengan mucho dinero…no sé si debería hacerme mucha ilusión con los adultos que tendremos mañana.

Adultos de hoy que ya perdieron el rumbo. Que les enseñaron a sus hijos a no dejarse pasar a llevar por nadie. Que compensaron su falta de tiempo y de entrega de cariño con aspectos materiales. Que confundieron la paternidad con la amistad y no le enseñaron límites a sus hijos. Que confundieron la capacidad de sus hijos para enfrentar el mañana con la entrega de indiferencia. Que confundieron la felicidad con el éxito e impusieron a sus hijos esquemas y normas, una fórmula para que seas “más”que nosotros.

Sé que no todos los padres son así, pero,lamentablemente, una gran mayoría sí lo es. Sumado con la falta de tiempo, el afán productivo, la competitividad, se ha dado un resultado cuyas consecuencias podremos ir vislumbrando poco a poco:una sociedad cada vez más egotista, egoísta, individualista en donde la solidaridad y el reconocimiento del otro no son fundamentales para la existencia.

Pero todo ello nos va a llevar a perdernos finalmente, y a perder el valor de nuestra existencia. Como dijo Joseph Ratzinger, sumo pontífice de la Iglesia Católica: “Se trata de una decisión respecto de si quiero vivir sólo para mí mismo o si me entrego a una causa mayor”.

¿Cuál será nuestra causa mayor? Debemos reorientar nuestra misión en la vida. Y dar el espacio que corresponde a cada cosa, como decía Ende “En cualquier ciudad en el mundo donde se quedan viejas culturas, catedrales o templos ocupaban sus centros donde salía la luz de orden. Hoy en día están remplazados por los centrales de banco. Describí las escenas donde el dinero está adorado por la gente como si fuera algo sagrado en mi última ópera basada en “Flautista de Hamelin”. Allí alguien dice que el dinero es “Dios,” porque dinero trae milagros. Se incrementa y perdura para siempre. Pero el dinero, contrario a nosotros, fue creado por nosotros. Si buscas algo que no exista nunca en la naturaleza pero que fue producido por los seres humanos, es el dinero. Entonces nos es importante ver el pasado”.

Entonces no podemos dejar a nuestros niños solos. No podemos hacerles ver que lo único importante en la vida es ser alguien. Debemos darle valor a nuestra vida familiar porque es la única que puede salvarnos. Se equivocan los que dejan la transmisión de los valores en manos de la escuela. Sabido es que nadie reemplazará lo que se da en el seno de la vida familiar. Es el núcleo, de ahí surge todo.

Es por esto que como ciudadanos debemos garantizarnos gobiernos que impulsen una visión social más justa, en donde se devuelva la dignidad al tiempo y comprender por fin lo valioso que es disponer de él para poder formar ciudadanos más conscientes de la justicia, la solidaridad, el amor.

Sin estos términos la sociedad se volverá cada vez más individualista y la llevará al fin a su extinción como concepto. En la que sólo será una masa que vele por sus intereses personales, con una pobreza espiritual y perder todo sentido real de la vida.

No podemos aceptar que nuestros niños sean cada vez más egoístas, más depresivos y desconsiderados por el otro. No podemos aceptar que sientan que no tienen un rumbo claro y que sus únicas aspiraciones sean tener dinero y reconocimiento social. No podemos tolerar que miren con desprecio al barrendero o al padre humilde.

Por eso, hoy sal de tu rutina cotidiana. Lee un libro a tu hijo. Llama a un viejo amigo. Visita a tu viejo. Desconecta la red por un momento y conversa con tus hijos, aunque no quieran, aunque les de lata y pregúntales cuáles son sus sueños, sus proyectos de vida y pregúntate cuáles son tus sueños y tus proyectos de vida…porque

El tiempo es vida y la vida reside en el corazón

Michael Ende – Momo

Reflexiones de Ende con respecto al dinero aquí

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2 comentarios

  1. Interesante reflexion, y hago hincapié en que se tienen que valorar los aspectos negativos del internet, tal como señalas… no podemos permitir que menoscabe la capacidad de los chicos de usar de forma prolija nuestro lemguaje….

  2. Estoy totalmente en desacuerdo con la carga de trabajo y física de los niños en sus tareas escolares.

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