Acerca de los PET, nuestra realidad profesional y los “cesantes ilustrados”

articles-51388_cesante.jpgMás bien, lo que existe es una conciencia distorsionada respecto de estos problemas.
Se vive de anécdotas, de mitos urbanos, de leyendas no sustentadas por la evidencia empírica. Discutimos en el aire, presa de nostalgias y temores. Y vivimos en una continua contradicción: todos propugnamos un mayor y más amplio acceso a la enseñanza superior pero luego nos preocupa que se incremente el número anual de graduados profesionales y técnicos. ¡Esto carece de toda lógica! Si se quiere lo uno, debe aceptarse lo otro. No podemos tener más estudiantes de psicología, contabilidad y periodismo y, al mismo tiempo, tener menos profesionales en esas ocupaciones. O lo uno o lo otro. Además, no es cierto que Chile esté “saturado” de personas con formación profesional o técnica. Más bien, la densidad de conocimiento de su fuerza laboral es todavía baja y su capital humano avanzado escaso.»

Quise comenzar este post con un pensamiento de José Joaquín Bruner acerca del fenómeno que se está viviendo estos últimos años y que es el de los “cesantes ilustrados”.

Hace tiempo ya (si especificamos más sería a partir de los años 90′) se está viviendo un fenómeno en nuestro país que en un principio estuvo directamente relacionado con la crisis económica en Chile, pero con el correr del tiempo constituyó uno de los fenómenos más recurrentes entre los profesionales de nuestro país y que cada día se presenta de manera cada vez más desgarrradora para un grupo importante de compatriotas.

No obstante, el sentido de este post si bien está relacionado con el punto anterior, está más bien concentrado en la demanda de ciertas carreras y cómo éstas responden al mercado profesional. De cómo ciertas empresas en la educación están promocionando la titulación sin considerar todos los aspectos que están en juego. En el fondo, de cómo un aspecto tan importante en la vida de las personas tomó un cariz mesquino y desconsiderado cuando obedece a las pautas del mercado.

Sólo algunos datos: el año 2005 ingresó a la educación universitaria un universo de 450.000 personas, dato que contrasta con la cantidad de alumnos matriculados en la educación técnica (60 mil) y de institutos profesionales (110 mil) Estos datos proporcionados nos invitan a una serie de reflexiones:

1. La visión del estudiante chileno y nuestra sociedad con respecto a la “profesionalización”
2. la visión del estudiante y de la sociedad en relación a la educación técnica.
3. El mito de la profesionalización.
4. La falta de visión del Gobierno.
5. La escasa información del postulante y del estudiante.
6. Oferta y demanda de la educación

Hoy en día está sobrevalorada la educación superior universitaria. Está vista, además, como el único elemento para superar la pobreza y obtener un estatus. La educación escolar, familiar y social tiende a eso, dejando de lado otros aspectos importantes relacionados con la visión de persona y realización espiritual. Claro, en vista de lo expresado anteriormente, la mayoría dirá que lo último no da de comer. Pero ¿qué pasa con las carreras técnicas? ¿Acaso todo el mundo tiene que ser profesional? A partir de tales cuestionamientos es que surge la idea de la imagen social que proporciona el ser profesional y su diferencia con ser técnico. Algunos sostendrán que también hay diferencias económicas. Sólo un dato: una secretaria ejecutiva gana cuatro veces más que un periodista recién titulado.

Vemos así a miles de familias que se endeudan con el objetivo de dar un buen futuro a sus hijos. Ellos, esperanzados, ven que de alguna manera ese esfuerzo se verá recompenzado.¿Pero que sucede cuando la realidad muestra otra cara? invito a observar los siguientes testimonios:

Le cuento algo de mi experiencia, aunque entiendo que mi percepción pueda ser “errada”. Soy psicólogo de la PUC con 3 años de titulado. Veo con consternación que no solo ni yo ni gran parte de mis amigos no hemos encontrado trabajo o trabajos muy mal remunerados, sino que otros amigos de otras universidades menos prestigiosas simplemente se dedicaron a trabajar en otra cosa. ¿No cree que nuestra errada percepción también viene de datos reales que vemos en nuestro ambiente más próximo?
Además le doy un dato para que reflexione: en la Universidad de las Américas ingresan anualmente 1700 personas solo a estudiar esta carrera a lo largo de Chile. ¿De verdad cree que el problema está en nuestras percepciones? ¿Cree que para un país de 13 millones de personas se necesitan tantos de estos profesionales? ¿Acaso debe ser el mercado el que regule esto? Porque ¿y por mientras que pasa con las personas a las que el sistema nos defraudó?

soy biologo marino, despues de titularme trabaje de profesor de enseñanza media(nada que ver), luego estuve 5 meses cesante hasta que entre a trabajar a honorarios en una institucion ficalizadora del gobierno, donde la inestabilidad laboral es parte del contrato, demoras de hasta 3 meses en los suldos…como puedes ver todo mal y en el futuro no se auguran mejorias..”

Me titulé de agrónomo hace más de 4 años,en una universidad tradicional, en una promoción de 63 personas. Como sigo vinculado a la universidad puedo dar fe de que ahora el número de titulados anualmente sobrepasa los 100!!! Al igual que muchos, solo he podido encontrar trabajos temporales, de bajísimo nivel de renta y en condiciones que dejan mucho que desear (sin horarios de trabajo, entre otras). Además, en esta profesión, olvídense de buscar trabajo sin disponer previamente de auto propio.
Si las universidades que imparten agronomia son más de 40, y asumiendo de manera muy optimista que en promedio se titulen 60 anualmente por cada una…¿necesita este pequeño país 2400 nuevos agrónomos cada año?”

Si bien, el espectro no se evidencia en todas las carreras universitarias ofrecidas por el Consejo de Rectores de Universidades de Chile, no es un dato menor que en 1990 se presentaba un 9% de profesionales jóvenes cesantes, en contra del 13% que se graficó en el 2005. Cifra que se relaciona directamente con la cantidad de jóvenes que ingresaron en ese año a la educación superior. En donde la mayoría de los matriculados cursa carreras que se presentan saturadas como Sicología, Derecho, Periodismo.

Lo curioso, es que podríamos contar experiencias para cada caso. Podríamos bajar el perfil a la información y señalar que sólo se presenta en casos aislados y que la mayoría ha encontrado trabajo – lo que deriva en una falacia por generalización, pues las personas que proponen tal argumento se basan en el caso particular y en ningún caso a cifras específicas – En este aspecto, lo que nos señala el señor Brunner sería correcto.

Pero ¿es correcto seguir en la línea que se ha formulado hasta ahora? Y aquí llegamos al punto medular de nuestra conversación: ¿Se han pensado en políticas concretas que estudien este fenómeno y generen una alternativa?

Hasta el momento la educación superior se presenta bajo los cánones de la libre competencia. Ofreciendo así un cúmulo de ofertas y oportunidades para el que decide ser profesional. Es de este modo que aparecen los PET (programas especiales de titulación) que, a todas luces, proponen una alternativa positiva para quien desee terminar sus estudios, especializarse o realizar otra carrera. Este programa posee un desarrollo de dos años, en el que el estudiante podrá obtener un nuevo título universitario o complementar el que posee. Lo paradójico es que el programa se presenta en las carreras que en este momento están más saturadas: psicología, periodismo, derecho, ingenería comercial y arquitectura.

Imagínese, en dos años y medio, usted podría ser un profesional del área. Siendo, que en una “carrera tradicional” el coste sería de cinco años o más. Además, los tiempos actuales exigen ser más competitivo, superarse. Pero no se preocupe, porque se le da espacio a la familia (la que está tan deteriorada) pues, si usted lo prefiere, puede hacerlo a través de la plataforma de e-learning, entonces ¿qué mejor?

Y así atraemos más consumidores. Y les proponemos créditos y convenios con distintos bancos para que puedan concluir sus estudios.

El programa en sí no es malo. Al contrario, ofrece una alternativa para quienes no han podido concluir sus estudios. No obstante, no podemos dimensionar la realidad que subyace a todo esto, pues nada se ha dicho, en definitiva, de lo que están viviendo muchos profesionales en este país. Por lo tanto, frente al desconocimiento de ese aspecto, difícilmente podríamos definir si las decisiones que toman las personas son acertadas.

Porque el programa ignora una realidad cuando propone este perfeccionamiento en dos años. La ignora cuando presenta carreras que en el mercado ya están saturadas. La ignora cuando niega en cierto modo la información acerca del masivo aumento de profesionales cesantes (de 9.500 en 1996 a 23.750 en el 2002) y ofrece, tras una aparente inocencia, una oferta que saben de antemano NO generará los resultados esperados por quien hace la adquisición.

Y qué hace nuestro gobierno al respecto. Ellos tienen estudios. Pero como siempre, se manejan a nivel macro. Cifras grandes y no específicas. A nivel macro seguramente las cifras no son alarmantes, pero se han olvidado de observar los casos en ciertas carreras y cómo la oferta y la demanda interactúa en ellas.

Vuelvo a preguntar ¿qué hace el gobierno? Éste propone la genial alternativa de reducir el tiempo de realización de las carreras profesionales de cinco años a tres para dar la alternativa de terminar con un doctorado o un magíster – especializaciones que hoy en día tampoco aseguran un mejor trabajo o acceder simplemente a este – con el objetivo de “avanzar en la dirección de los países desarrollados” y de mejorar “la conexión de los jóvenes con el mundo laboral”.

Reitero que la idea no es mala. Sin embargo, y como ya he repetido a lo largo de este post, se vuelven a objetar problemas no menores con respecto a la visión del ser profesional en Chile, la oferta y la demanda en ciertas carreras y el cumplimiento de expectativas en el plano laboral.

Frente a todo lo que se ha afirmado en esta argumentación es necesario insistir en la escasa información con que cuentan los estudiantes que hoy sueñan con ser profesionales. Que en cierta medida se ha jugado con las expectativas de cientos de familias chilenas de clase media que han invertido y se han endeudado la vida para poder proporcionarle a su hijo o hija un mejor futuro y que hasta el momento, sin una seria revisión de los acontecimientos, todo ofrecimiento relacionado con la educación es falaz.

Es falaz porque las ofertas están dirigidas a carreras saturadas. Es falaz porque no hay seguridad en que se devolverá la inversión. Es falaz porque no hay cifras ni estudios que avalen la calidad profesional del egresado.

Y este es otro punto. Si se ofrece en dos años una carrera que demora cinco ( en el caso de Sicología requiere tal cantidad por la naturaleza de su formación) ¿Qué calidad de profesionales le estan proporcionando al país? ¿Si el ministerio de educación pretende reducir la cantidad de años de una carrera, qué tipo de formación está entregando? ¿Acaso cree que dos años de especialización a través de un posgrado aseguran mejor calidad? ¿No será que es más de lo mismo, pero con otro nombre, otra organización?

Con respecto a todo lo dicho se pueden dibujar diferentes perspectivas. Ustedes podrían estar de acuerdo o en desacuerdo, porque lo que se presenta da pie para ese debate. Seguramente han quedado más incertidumbres que respuestas. Mi invitación es a seguir pensando y a través de esta reflexión exigir lo siguiente:

Que la gente pueda acceder libremente a la educación que quiera, pero a plena conciencia. Que la gente sea feliz sin importar si es profesional o no. Entonces que hayan oportunidades reales. Que haya una mayor información y que se implementen los programas adecuados para que no siga aumentando la cifra de nuestros “cesantes ilustrados”.

Si no partimos por nosotros mismos. Entonces difícilmente podríamos trazar un sendero.

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3 comentarios

  1. […] y que esto se le reconozca y remunere de forma adecuada. Se vincula esto con el post de Netoli sobre los PETs: ahí se da el trabajo de mostrar como este afán “profesionalizador” se ha […]

  2. Al Autor:

    Quisiera partir diciendo que llegué a la web precisamente en mi acto diario de buscar ofertas laborales y enviar los correspondientes CV a cada uno.
    Dicho esto se puede deducir que estoy cesante.
    Soy Biólogo Marino. Título que al recien egresado llevaba con orgullo; y que hoy sólo me ha producido frustración y desesperanza.
    Llevo ya varios meses sin trabajo, y los que he tenido en el transcurso de mis 5 años de egresado han sido temporales, mal remunerados y bajo el sistema del boleteo. Puedo dar fé que mi carrera está al borde de la autopsia. El único campo que podría quedar por explotar son las salmoneras al sur del país, y que como investigador he tratado de hacerle frente sin éxito. Del año que llevo postulando sólo una vez he sido llamado a entrevista, mediante un proceso largo y engorroso de selección, con propuestas de rentas bajísimas y costos de oportunidad inmensos, producto de las características del puesto; eso sin contar con la nula proyección de ascenso o carrera en el rubro.
    Una verdadera pena, considerando que todavía le debo a la Universidad más o menos un vehículo del año, cero kilómetro.
    Saludos

    • Es lamentable la situación que responde a un sistema enfermo que lo único que le interesa es lucrar con un derecho inherente en el ser humano. Además me abruma el hecho de que en este país casi todo es con pituto. Espero puedar dar un giro a tu situación y salir adelante pese a todo. Saludos.

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