Ellos y nosotros (acerca de la nueva ley penal juvenil)

Ayer entró en vigencia la ley penal juvenil. Medida que pretende en cierta forma disminuir la delincuencia en los menores de 14 años. Se establece, así, la edad en que los adolescentes presentan una capacidad de discernimiento que antes se señalaba a los 16 años.

Esta ley nos invita a realizar una serie de reflexiones acerca de nosotros y de nuestra sociedad. Para poder acercarnos un poco más al tema, quiero recordar a ustedes los acontecimientos que enmarcaron al “Día del joven combatiente”

Si bien es cierto la gran mayoría de nuestros jóvenes no se encuentran dentro del espectro anterior, hay en todos ellos un desconcierto frente a la vida y las condiciones que se presentan ahora.

Un desconcierto frente a la vida que es propiciado por el mundo que les hemos heredado. Un mundo individualista, falto de afecto, en donde las relaciones sociales solidarias y comunitarias han quedado desprovistas de sentido y valor. Les hemos entregado una sociedad hedonista y nihilista, preocupada de nutrirse a través de los valores del mercado que a través de los valores cívicos.

Una sociedad que está preocupada del tener y no del ser. En donde el joven se ha sentido excluido de tal esquema. Porque ¿Qué políticas concretas se han realizado para incluir a nuestros jóvenes en el proyecto país? ¿Acaso ellos no ocupan un espacio en nuestra sociedad?

A los jóvenes se los mira como “proyectos” más que a individuos. En el adolescente, sobre todo, quien debe responder a una serie de exigencias: rendir bien en sus estudios, obtener un buen puntaje, estudiar una carrera lucrativa, etc. En el fondo: éxito, éxito y más éxito. ¿Dónde está la preocupación por la persona, por el tipo de ciudadano que queremos?¿Dónde está la preocupación de los padres por saber los sueños de sus hijos y sus profundos miedos?

Entonces por un lado se les exige y por otro se les complace. Por un lado se les trata de mostrar el esfuerzo y el trabajo y, por otro, el éxito fácil y sin compromiso. Padres que dan todo a sus hijos y no colocan límites. En síntesis, padres que no forman.

Impresiona ver en una página de Yahoo que la mayoría de los “sueños” de los jóvenes estriban en: trabajar poco y ganar mucho dinero, en tener un auto, ser aceptados por el grupo, subir de status y por sobre todo no fracasar.

Si analizamos lo anterior, nos damos cuenta de que ninguno de los sueños mencionados anteriormente hace referencia a ser mejor persona, formar una familia, contribuir con ética a la sociedad.

Las actitudes y acciones que realizan nuestros adolescentes son resultado de una sociedad que continuamente le ha vuelto la espalda y que sólo ha hecho referencia a ellos cuando son necesarios para promover ideologías que nada tienen que ver con la búsqueda del crecimiento espiritual. Un ejemplo de lo anterior, es la imagen que se promueve de lo que es ser joven: éxito, placer, belleza, lujo, opulencia.

De tales parámetros hemos revestido sus mentes. Un ejemplo de tal quiero mostrarles en el siguiente párrafo de una canción de reggeaton (manifestación musical muy aceptada por ellos):

¡Oye!
¿De dónde salió tanto porte y elegancia?
Suave fragancia que aumenta mis ansias
Le gusta Miami, Las Vegas y Francia
Usa camisas “BEBE” y merece importancia
Perfume carito y cartera de “rhinestones”
Tiene cuenta con Cingular, Sprint y Verizon
Ella te pichea por el “skyzone”
Y ha knoquiao’mas tipos que Mike Tyson

Y hay que pensar que esta “música” la escucha un gran porcentaje, varias horas del día, en las fiestas, etc. Canciones que invitan a la evasión. Invitan a un mundo en donde el placer, el lujo y la vida sin ninguna responsabilidad son los esquemas de su construcción.

Los grandes del mercado los utilizan para promover sus ideas. Por otra parte, hay un consumo exacervado y validado por el mundo adulto. Y, finalmente, un esquema económico tendiente a aumentar las diferencias sociales.

Sobre este último punto quiero hacer referencia. Junto con la noticia de la ley penal juvenil, fue emitida también la noticia de la baja de la pobreza en Chile reflejada en la encuesta Casen – la que bajo de un 18,7% en 2003 a 13,7% el año pasado, y la indigencia se redujo de 4,7 a 3,2% – la que nos podría dar luces acerca de la “calidad” de la pobreza que se vive en nuestro país. No obstante, solamente se bajó 1 punto en el coeficiente de gini, que en definitiva nos da cuenta del grado de desigualdad social.

Con respecto a la desigualdad social, sólo un dato: el quintil más rico gana 14 veces el sueldo del quintil más pobre en nuestro país. No es de extrañar, entonces, la actitud de nuestros jóvenes.

A partir de lo anterior, les hemos dado idea de que todo se puede obtener. Que a través del consumo nos igualamos. O pretendemos igualarnos. De este modo siempre queremos estar más arriba que el otro. Por lo tanto, el otro se convierte a todas luces en un obstáculo, no en prójimo. En consecuencia, esta sociedad – que todo lo permite, que todo lo transa – se ha quedado sin respuesta para cientos de jóvenes que quieren tenerlo todo y sin esfuerzo, porque así se lo han mostrado, instruido. A la vez, se han encargado de enseñarles a invalidar la imagen del otro, de restarle valor. Por eso, nuestros chicos, no quieren tener el trabajo de papá o mamá. Ven que el dinero no alcanza. Que hay deudas. Que se vive con tarjeta y con la apariencia.

Por esto los jóvenes han hecho del bulling una costumbre. Por esto, no respetan a sus docentes y miran a un “Piñera” como modelo de éxito y poder.

Porque, en definitiva, detrás de todo esto hay un gran miedo. O grandes miedos. Miedo al fracaso, miedo a no ser aceptado, miedo a no surgir, miedo a ser como sus padres.

Y el miedo genera la rabia. Pero una rabia que no saben cómo canalizar. Y en los jóvenes más deprivados socialmente se revela con delincuencia, consumo de drogas y actos vandálicos.

Y frente a esa rabia está la ley. La ley que nos separa de ellos. Porque son ellos y nosotros.

Son ellos y nosotros porque hemos puesto rejas en nuestras casas. Hemos llenado de alambres de púas nuestro espacio. Les hemos mostrado toda la violencia y la inconcecuencia como modelo y alternativa. Y les hemos enseñado, además, que así deben defender su espacio.

Como padres les hemos enseñado a no dejarse atropellar por nadie. Les hemos dado todo sin exigirles nada. Por no quererlos hacer sufrir, por no querer hacerles daño les hemos restado valor a su independencia y los hemos vuelto seres totalmente incompetentes para la vida, porque no les hemos enseñado a equivocarse y que equivocarse está bien, que es necesario para crecer.

No podemos seguir permitiendo que nuestros jóvenes vivan con miedo. Que no sepan los límites. No podemos dejar de hacernos cargo y culparlos de toda la violencia que nos rodea como lo están haciendo ciertos partidos políticos quienes pretenden cargar en ellos todo el peso de la ley, violando así los acuerdos establecidos por la Unicef.

Si el 85% de los jóvenes involucrados en actos delictivos desean volver a estudiar, la ley penal juvenil debería invitar entonces a reconstruir, cicatrizar y sobre todo acoger a este joven que está perdido. No sirve encerrar. Tal sólo ocasionaría mayor delincuencia.

Asimismo no podemos desligarnos y pensar que no somos culpables. No son ellos y nosotros. Somos todos.

Anuncios

5 comentarios

  1. Guau! estaba leyendo y hasta que no vi Chile nuestro país, creí que estabas hablando de la juventud española. Aqui ocurre exactamente lo mismo. A los jovenes nos han enseñado el valor de lo material, conseguir un status económico sea como sea. Eso ha confundido a parte de mi generación y posteriores.

    Uno de los grandes motivos de esa confusión ha sido la relajación del adulto en la educación del niño. Las presiones económicas – España esta en el inicio de una recesión económica muy fuerte y se empiezan a ver los primeros síntomas – hacen que los padres no tengan tiempo para sus hijos y lo palien con todos los caprichos de ellos y su defensa ante todo, incluyendo agresiones a profesores, por ejemplo.

    Otro de los grandes motivos fue una ley – la “ley del menor” – que exime de cualquier delito a los menores de 18 años, integrándolos en unos centros que son una especie de colegios internos de donde salen cuando y como quieres. Eso ha hecho que la segunda generación que vive en esa ley la conozca al dedillo, y sepan en todo momento de su inmunidad.

    Es un tema preocupante y difícil de solucionar si no se pone (bajo mi punto de vista) de acuerdo a todos los educadores de los “nuevos ciudadanos”, padres, profesores, televisión, etc.

    Un saludo desde el otro lado del charco.

  2. Hola Kopiberto. Sí, en mi investigación para este post me topé con varias páginas españolas y me sorprendió ver que el fenómeno que estamos viviendo también está sucediendo allá.

    Acá los jóvenes están muy desorientados. Muy solos. Necesitan cariño, escucha. Los hemos llenado de grandes ideas acerca del triunfo y del tener por tener.

    100% de acuerdo contigo que es un problema de difícil solución. Por lo menos la nueva ley penal quiere en algo resarcir esta problemática, pero soy una convencida que parte de los valores de la familia.

    Pero ésta está mal. Y los padres han tergiversado todo. Entonces tenemos a un chico o chica que se estresa fácilmente, se angustia fácilmente y se desorienta igual.

    Mira qué futura generación tendremos!

  3. Yo soy muy jovencito, tengo sólo 22 años, y los de mi generación podríamos decir que somos los primeros en tener ese tipo de problemas.

    Además, pensando en lo que refieres a desigualdad, en España, no conozco el dato exacto, pero el coeficiente de gini creo que es algo mas bajo que en Chile, se ha producido un fenómeno muy curioso. Se han creado dos bandos, los pijos (supuestos niños de papá con dinero y un estilo de vestimenta y vida de “rico) y los canis (eso en Sevilla, en otras ciudades se les llama angangos, bakalas, y muchos nombres diferentes). Ambos se buscan unos a otros, han creado un odio mutuo y una dualidad cada vez mas extendida.

    Lo mas curioso, que los que se quejan del dinero de unos llevan ropa igual o mas cara que los otros, y los otros, para parecer mas de lo que tienen, muchos llevan ropa falsificada de mercadillo.

    La verdad, cada vez veo mas negro el futuro medio, en el que me encontraré de lleno como miembro pasivo de una sociedad completamente desestructurada.

  4. El coeficiente de Gini, siendo el uno el pais con el coeficiente mas bajo:

    España – 7º – 0.260 –> año 2004
    Chile – 113º – 0.571 –> año 2000

  5. Gracias por todos tus aportes. Son muy interesantes.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: