La falta de sentido común

Hay tanto de lo que uno podría hablar, opinar o simplemente decir. Las ideas a veces ametrallan y no saben como ser “expulsadas” del interior. Tengo tantas ideas y tan poco conocimiento, pues he sido avallasada -como tantos- en este ir y venir de los tiempos, en las exigencias que impone la moda, lo superificial y el consumo.

Nos hablan de calentamiento global casi como si fuera una gracia. Ahora se apunta en las revistas , las que ofrecen interesantes enciclopedias de regalo que hablan y analizan el “fenómeno Gore” con la misma superficialidad y acomodo con el que se ofrece la última liquidación o los “días D” en tal o cual tienda comercial.

Pero aquí quiero hacer una observación interesante. Llama mi atención una entrevista publicada en el The Clinic nº 207 a Douglas Tompkins, otrora empresario de “Esprit” – una multinacional que se dedicaba a dar pautas del vestir -, quien hace ciertas afirmaciones que merecen ser comentadas.

Una de las afirmaciones que señala el ex-empresario – ahora ecologista -y que sustentan este artículo, es la señalada por el fabuloso “crecimiento” que ha presentado nuestro país en la última década. Tompkins sostiene que todos los gobiernos – desde la dictadura militar hasta el gobierno de Bachelet – se han basado en una sola premisa “crecer, crecer, crecer”. Sin embargo, dice, esta palabra encierra de por sí un razonamiento: crecer requiere de un completo replanteamiento. Y aquí, nuestro entrevistado nos invita a realizar una pausa…¿Se ha pensado en crecer efectivamente o es sólo un nuevo slogans para sostener un avance que se ha encargado más bien de profundizar las diferencias económicas y hacer un “make up” de lo que sustancialmente necesita un cambio?

Si hay una cosa que ha caracterizado a los últimos gobiernos de la concertación es su eterna porfía. Es sabido que el perseverante es quien logra sus metas. Entonces, en el fondo, la lectura más simplista que podriamos realizar es que el porfiado es quien logra sus intereses. Por lo tanto, en un ejercicio de lógica común, podríamos llegar a la conclusión (y con esto a la tesis) de que mientras más porfiados somos (mientras más remarquemos nuestra opción) conseguiremos nuestras metas.

La perseverancia es un valor por excelencia. Pero toda perseverancia conlleva el reconocimiento del error, esto es, en síntesis, una revisión continúa, una constante autocrítica que nos señale el camino más correcto, el camino en el que debemos persistir.

Por qué hablo esto. Hablo, porque este gobierno, en su “perseverancia”, en su “porfiadez” ha olvidado la humildad que acompaña a todo crecimiento. Se ha dedicado a mirar el cielo antes que sus ciudadanos y se ha olvidado de corregir los innumerables errores que está cometiendo. Porque cree que lo que hace está perfecto. Porque cree que la gente – esa gente que en algún momento reflejó el 54% de votantes que le dieron cuatro años más de gobierno – está equivocada cuando le enrostra en su queja, en sus paupérrimas protestas y en su escasa organización la falta de sentido común.

Se determina al sentido común como el primero de los sentidos. Que está demarcado por la prudencia y que no posee mayor conocimiento. Yo agregaría más, el sentido común es nuestro instinto de superviviencia dentro de la sociedad. Proviene de lo más íntimo y aunque esté revestido de lógica, sus raíces no se sustentan en la razón pura.

¿Qué es entonces lo que le impide a este gobierno hacer uso del sentido común, este sentido primigenio e igualitario para todos los seres humanos? Planteo esta pregunta sobre la base de lo que hemos visto últimamente y sumado además, a la demanda del señor Tompkins: ¿Por qué se decide realizar una carretera austral que atraviese un parque nacional, entre montañas y que arrase con miles héctareas de bosque nativo, siendo que esta misma opción puede realizarse por la costa, produciendo menor inversión y en menos tiempo? El señor Douglas señala que Bitrán está equivocado y dice “Bitrán es un porfiado total. No quiere reconocer que la ruta por la costa es la más lógica”.

Y no sólo Bitrán es el porfiado. Porfiados fueron los que cambiaron en un 100% el sistema de transporte colectivo – sistema que había demorado unos 50 años en gestionarse a través de intrincadas combinaciones que cubrían las necesidades de los usuarios – Porfiados son los que insistieron en una reforma educacional que a todas luces ha demostrado ser un estrepitoso fracaso (pésimos resultados en las pruebas TIMSS) Más horas en aula, mala gestión y aplicación de los programas. Escasa adaptación de las políticas educacionales a la realidad país, sumado a la nula visión de país y de ciudadano (estudie la LOCE y verá) Reformas irrisorias a ésta última (Que la presidenta en una carta abierta publicada en El Mercurio “mi sueño de país“, calificaba de profundas) que no responden al problema de fondo, etc.

Insisto ¿qué es lo que impide a este gobierno hacer uso del sentido común?¿Qué es lo que impide a este gobierno reconocer sus errores? ¿Qué es lo que hace a este gobierno perseverar en el error, ser porfiados?

Noreena Hertz afirma en su libro “El Poder en la Sombra” que la política se ha desprestigiado porque se ha vendido a las multinacionales y al empresariado. Que los políticos son fieles no a los ciudadanos que le darán el voto, sino más bien a las empresas que sustentan sus campañas. Y es así como ella nos muestra – a través de una brillante y acusiosa investigación – que la creencia en los políticos en Gran Bretaña ha descendido de 54% a 10% de 1983 a 1996. Que la ética de los parlamentarios quedaba muy por debajo de la de los vendedores de automóviles o ejectuvos de agencias publicitarias.

La brillante economista sostiene que somos nosotros, con nuestro poder de consumidores – y no de ciudadanos – quienes lograremos boicotear, si nos proponemos, las terribles proposiciones que postulan las empresas a través del no consumo. Y cito «La mejor manera de cambiar al mundo de los negocios es implicar a los consumidores, lo que hoy en día parece bastante posible gracias al universo de la televisión digital, por satélite y por cable, que ha reducido la distancia entre los niños trabajadores del Saipan, el comerciante y el comprador» (pag. 143)

Mi respuesta, a través de toda esta argumentación, es que el sentido común no se ha utlizado porque lisa y llanamente éste pertenece a la gente, al pueblo, a la masa. Y no es, de ninguna manera, el sentido de las empresas, del Banco Mundial, de la OMC, del 4% más rico que gobierna este país.

Por lo tanto, Hertz ha dado en el clavo junto con Tompkins. De nosotros depende lo demás.

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