Productividad, calidad de vida y calidad de ciudadanos.

momo y casiopeaLo único que importa en la vida es llegar a ser alguien, llegar a tener algo. Quien llega más lejos, quien tiene más que los demás, recibe lo demás por añadidura: la amistad, el amor, el honor, etcétera.

Quizás no con las mismas palabras, pero con un estilo muy parecido, es lo que nos susurra la sociedad a cada momento a través de lo que entiende por educación, lo que entiende por vida. Y lo escuchan los niños a través de sus profesores y sus padres. Lo escuchan desde distintos enfoques y perspectivas. Surge entonces la angustia y la depresión.

Y quizás también por eso es que a los chicos les gusta la novela Momo de Michael Ende, obra de la que extraje el párrafo con el que empecé este post. Les gusta, creo, porque les ayuda a redescubrir el sentido de nuestra vida y de la importancia de disfrutar el tiempo y gastarlo con los que más quieres.

Momo tuvo problemas para ser lanzada. Fue terminada en 1973 y no querían que fuera publicada por la fuerte crítica que hacía a la forma de vida que sustentaba la sociedad y los valores que en ésta se estaban perdiendo.

Porque en esta novela vemos, a través de la parábola de los hombres grises, cómo en forma gradual el estilo de vida, sus exigencias, las competencias que van fomentando, va alejando al ser humano del verdadero sentido de la vida.

Hoy en día toda la actividad económica está sustentada en la competitividad y la productividad. El sentido de la productividad es mejorar el estandar de vida de una sociedad, para que así haya menos pobreza y mayor superación personal. Sobre todo en Latinoamérica se ha convertido en un himno y clave para el desarrollo.

Pero ¿qué sucede cuando un país privilegia la productividad sin considerar el factor humano? ¿Qué sucede cuando imperiosamente instruimos a nuestros niños y jóvenes con la cantinela de lo que lo único que importa en la vida es ser alguien?
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De alguna manera, Dostoievski

Fedor Dostoievski“Parece que todo lo que debe hacer el hombre, consiste en probarse a sí mismo que es un hombre y no un engranaje.” Fedor Dostoievski (1821-1888)

En este post voy a salirme de los temas que he abordado últimamente…aunque seguramente, no del todo. Pues cuando hablamos de Dostoievski no sólo hablamos de un escritor ruso del siglo XIX, sino que hablamos de lo que concierne a todo lo humano.

Henry Troyat ya nos habló de él en su genial biografía “Dostoievski”. De hecho, de los estudios que he realizado de este gran escritor ruso; Troyat es quien nos la hace más alucinante y darle el lugar que merece a lo que fue esta peculiar personalidad en su paso por este mundo. Mijail Bajtin realiza, no obstante, un acertado acercamiento a través de su tesis de la “polifonía” existente en las obras de Fedor o “Fedia” Dostoievski.

De personalidad nerviosa, un místico, un apasionado. Algunos dirían, incluso, de una sensualidad perversa. Epilético, sobrellevó esta enfermedad durante toda su vida y ,durante los momentos más complejos de ésta, llevó al paroxismo.

Este genial personaje, sufrió una de las experiencias más límites que podría vivir un ser humano: ser condenado a muerte y ,a último minuto, liberado. Esta experiencia traumática, que cargó durante los ocho años que duró su encarcelamiento y exilio en Siberia, se convirtió en pieza fundamental de su creación literaria. Específicamente, Crimen y Castigo, Los Endemoniados, Memorias del Subsuelo y su obra cúlmine: Los hermanos Karamazov, obra que le valió el reconocimiento mundial.
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Acerca de los PET, nuestra realidad profesional y los “cesantes ilustrados”

articles-51388_cesante.jpgMás bien, lo que existe es una conciencia distorsionada respecto de estos problemas.
Se vive de anécdotas, de mitos urbanos, de leyendas no sustentadas por la evidencia empírica. Discutimos en el aire, presa de nostalgias y temores. Y vivimos en una continua contradicción: todos propugnamos un mayor y más amplio acceso a la enseñanza superior pero luego nos preocupa que se incremente el número anual de graduados profesionales y técnicos. ¡Esto carece de toda lógica! Si se quiere lo uno, debe aceptarse lo otro. No podemos tener más estudiantes de psicología, contabilidad y periodismo y, al mismo tiempo, tener menos profesionales en esas ocupaciones. O lo uno o lo otro. Además, no es cierto que Chile esté “saturado” de personas con formación profesional o técnica. Más bien, la densidad de conocimiento de su fuerza laboral es todavía baja y su capital humano avanzado escaso.»

Quise comenzar este post con un pensamiento de José Joaquín Bruner acerca del fenómeno que se está viviendo estos últimos años y que es el de los “cesantes ilustrados”.

Hace tiempo ya (si especificamos más sería a partir de los años 90′) se está viviendo un fenómeno en nuestro país que en un principio estuvo directamente relacionado con la crisis económica en Chile, pero con el correr del tiempo constituyó uno de los fenómenos más recurrentes entre los profesionales de nuestro país y que cada día se presenta de manera cada vez más desgarrradora para un grupo importante de compatriotas.

No obstante, el sentido de este post si bien está relacionado con el punto anterior, está más bien concentrado en la demanda de ciertas carreras y cómo éstas responden al mercado profesional. De cómo ciertas empresas en la educación están promocionando la titulación sin considerar todos los aspectos que están en juego. En el fondo, de cómo un aspecto tan importante en la vida de las personas tomó un cariz mesquino y desconsiderado cuando obedece a las pautas del mercado.

Sólo algunos datos: el año 2005 ingresó a la educación universitaria un universo de 450.000 personas, dato que contrasta con la cantidad de alumnos matriculados en la educación técnica (60 mil) y de institutos profesionales (110 mil) Estos datos proporcionados nos invitan a una serie de reflexiones:

1. La visión del estudiante chileno y nuestra sociedad con respecto a la “profesionalización”
2. la visión del estudiante y de la sociedad en relación a la educación técnica.
3. El mito de la profesionalización.
4. La falta de visión del Gobierno.
5. La escasa información del postulante y del estudiante.
6. Oferta y demanda de la educación

Hoy en día está sobrevalorada la educación superior universitaria. Está vista, además, como el único elemento para superar la pobreza y obtener un estatus. La educación escolar, familiar y social tiende a eso, dejando de lado otros aspectos importantes relacionados con la visión de persona y realización espiritual. Claro, en vista de lo expresado anteriormente, la mayoría dirá que lo último no da de comer. Pero ¿qué pasa con las carreras técnicas? ¿Acaso todo el mundo tiene que ser profesional? A partir de tales cuestionamientos es que surge la idea de la imagen social que proporciona el ser profesional y su diferencia con ser técnico. Algunos sostendrán que también hay diferencias económicas. Sólo un dato: una secretaria ejecutiva gana cuatro veces más que un periodista recién titulado.
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Ellos y nosotros (acerca de la nueva ley penal juvenil)

Ayer entró en vigencia la ley penal juvenil. Medida que pretende en cierta forma disminuir la delincuencia en los menores de 14 años. Se establece, así, la edad en que los adolescentes presentan una capacidad de discernimiento que antes se señalaba a los 16 años.

Esta ley nos invita a realizar una serie de reflexiones acerca de nosotros y de nuestra sociedad. Para poder acercarnos un poco más al tema, quiero recordar a ustedes los acontecimientos que enmarcaron al “Día del joven combatiente”

Si bien es cierto la gran mayoría de nuestros jóvenes no se encuentran dentro del espectro anterior, hay en todos ellos un desconcierto frente a la vida y las condiciones que se presentan ahora.

Un desconcierto frente a la vida que es propiciado por el mundo que les hemos heredado. Un mundo individualista, falto de afecto, en donde las relaciones sociales solidarias y comunitarias han quedado desprovistas de sentido y valor. Les hemos entregado una sociedad hedonista y nihilista, preocupada de nutrirse a través de los valores del mercado que a través de los valores cívicos.

Una sociedad que está preocupada del tener y no del ser. En donde el joven se ha sentido excluido de tal esquema. Porque ¿Qué políticas concretas se han realizado para incluir a nuestros jóvenes en el proyecto país? ¿Acaso ellos no ocupan un espacio en nuestra sociedad? Sigue leyendo

Nuestra educación ¿en manos de quién ahora?

Un desasosiego invade a nuestros jóvenes en sus aulas. Lo curioso de tal estado es que ni ellos mismos pueden definir las causas más profundas de éste. Según se puede vislumbrar, está relacionado con los cambios que requiere la educación. Nuestra educación. No obstante, al observar el discurso que los motiva, aún éste no proporciona respuesta a la actitud que han esbozado en ls diferentes tomas, protestas y acuerdos que han tomado.

Existe en ellos un discurso fabricado. Que no concuerda ni con los tiempos que se están viviendo ni con la forma en que está girando el mundo. Bien por ellos. Que aún pueden soñar con un mundo sin diferencias sociales. Porque es sorprendente que a esta altura del partido aún existan las enormes diferencias – y cada vez en mayor escala – entre clases sociales que potencian la absoluta carencia de bienes materiales por un lado y la opulencia por el otro.

Y la educación también entró en este juego. Como parte natural de todo lo que se venía, vino y se forjó en las décadas del 80 y 90.

Antes de seguir hablando de este tema, me gustaría que recordáramos lo que sucedía en Chile hace un año atrás:

Movimiento que paralizó al país. Atónitos, no podíamos creer que nuestros “pingüinos” despertaran para exigir una mejor educación. Creímos, muchos, que lo que se exigía era una reforma radical, una reforma que planteara una nueva manera de enfrentar la formación de nuestros futuros ciudadanos. Al observar este video, nos percatamos cuán equivocados estábamos. Sigue leyendo

Del uso de la lengua y otros males

noticia_5330_normal.jpgEs singular el curso que ha tomado la “evolución” de nuestra habla en los distintos medios de comunicación. Hagamos un raconto, o mejor dicho, un flash back de lo que ha sido el uso del lenguaje en nuestros medios. Partamos por los programas nocturnos y las teleseries de los 80’s. Viene a mi mente solemnidad. Ejemplo del uso de la lengua. No recuerdo groserias. No recuerdo el uso de ninguna palabra que no se suscribiera a la norma culta formal o – en sus variantes más populares – la norma culta informal. Hasta el personaje de población – en las teleseries encargadas de armonizar nuestro “té” acompañado de un pancito con palta – hacia uso de un lenguaje florido, sencillo, humilde y gracioso.

Volvamos al presente. Qué tenemos ahora…no se moleste en responder. Una avalancha de modismos, de vulgaridad, de hacer de la grosería una gracia, un cliché.

El lenguaje es lo que somos y su uso nos retrata.

Ya no impresiona. Es normal. Si lo dice la teleserie, si lo dice el programa estelar, si lo proclama el periódico, entonces está aceptado. ¿Aceptado? Al parecer son los profesores y los colegios los únicos que no han incluido la grosería, el garabato fácil y a la mano para explicar los conceptos.

Y todo se faranduliza. Todo se nos vuelve un ejercicio véntrico que poco y nada deja entrever el espíritu de una cultura. De nuestra grandiosa cultura occidental, claramente en decadencia (ójala estuviera en crisis, sabido es que de ellas se sale renovado o, por lo menos, con una nueva visión).

Es una realidad este uso de la lengua. Preocupante, también, porque estamos en presencia de un deterioro que arrasa consigo no sólo un léxico que construye y propone, sino también una forma de pensar, una cultura.

Cuando se deteriora la lengua, se deteriora la cultura. Se deteriora el pensamiento y qué es todo ello: simplemente nosotros. El ser occidental.

Por esto nos aterroriza e impresiona los avances del Islam sobre Europa. En el escenario mundial vemos con indiferencia el avance progresivo de otra cultura, de otra visión, de otro tipo de lenguaje.

Quiero mostrarles a ustedes una carta que llamó especialmente mi atención. En primer lugar, fue publicada en un medio masivo de comunicación que se caracteriza por hacer del mal uso de la lengua una gracia, su “caballito de batalla” quizás. Y en segundo lugar, por el tema que intenta esbozar. Sigue leyendo

La falta de sentido común

Hay tanto de lo que uno podría hablar, opinar o simplemente decir. Las ideas a veces ametrallan y no saben como ser “expulsadas” del interior. Tengo tantas ideas y tan poco conocimiento, pues he sido avallasada -como tantos- en este ir y venir de los tiempos, en las exigencias que impone la moda, lo superificial y el consumo.

Nos hablan de calentamiento global casi como si fuera una gracia. Ahora se apunta en las revistas , las que ofrecen interesantes enciclopedias de regalo que hablan y analizan el “fenómeno Gore” con la misma superficialidad y acomodo con el que se ofrece la última liquidación o los “días D” en tal o cual tienda comercial.

Pero aquí quiero hacer una observación interesante. Llama mi atención una entrevista publicada en el The Clinic nº 207 a Douglas Tompkins, otrora empresario de “Esprit” – una multinacional que se dedicaba a dar pautas del vestir -, quien hace ciertas afirmaciones que merecen ser comentadas.

Una de las afirmaciones que señala el ex-empresario – ahora ecologista -y que sustentan este artículo, es la señalada por el fabuloso “crecimiento” que ha presentado nuestro país en la última década. Tompkins sostiene que todos los gobiernos – desde la dictadura militar hasta el gobierno de Bachelet – se han basado en una sola premisa “crecer, crecer, crecer”. Sin embargo, dice, esta palabra encierra de por sí un razonamiento: crecer requiere de un completo replanteamiento. Y aquí, nuestro entrevistado nos invita a realizar una pausa…¿Se ha pensado en crecer efectivamente o es sólo un nuevo slogans para sostener un avance que se ha encargado más bien de profundizar las diferencias económicas y hacer un “make up” de lo que sustancialmente necesita un cambio?

Si hay una cosa que ha caracterizado a los últimos gobiernos de la concertación es su eterna porfía. Es sabido que el perseverante es quien logra sus metas. Entonces, en el fondo, la lectura más simplista que podriamos realizar es que el porfiado es quien logra sus intereses. Por lo tanto, en un ejercicio de lógica común, podríamos llegar a la conclusión (y con esto a la tesis) de que mientras más porfiados somos (mientras más remarquemos nuestra opción) conseguiremos nuestras metas.

La perseverancia es un valor por excelencia. Pero toda perseverancia conlleva el reconocimiento del error, esto es, en síntesis, una revisión continúa, una constante autocrítica que nos señale el camino más correcto, el camino en el que debemos persistir.

Por qué hablo esto. Hablo, porque este gobierno, en su “perseverancia”, en su “porfiadez” ha olvidado la humildad que acompaña a todo crecimiento. Se ha dedicado a mirar el cielo antes que sus ciudadanos y se ha olvidado de corregir los innumerables errores que está cometiendo. Porque cree que lo que hace está perfecto. Porque cree que la gente – esa gente que en algún momento reflejó el 54% de votantes que le dieron cuatro años más de gobierno – está equivocada cuando le enrostra en su queja, en sus paupérrimas protestas y en su escasa organización la falta de sentido común. Sigue leyendo